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MARY JO

Ana Pessoa & Bernardo P. Carvalho 

Traduce Paula Abramo

El Naranjo

2018


Mary Jo debe mudarse. Para ser más específicos, toda ella está en estado de mudanza: su casa, su cuerpo, la forma en la que piensa, el amor. ¡Sobre todo, eso! Porque esta es una novela de amor… debo corregir, es una larga carta donde Mary Jo declara todas sus intenciones a Julio Pirata, su primer amor, su amor de la infancia. Tal vez, y sin darse cuenta, está despidiéndose en un diálogo tan personal como íntimo, donde habla de cambios, celos, deseo y soledad.

En tiempos donde el discurso feminista va escalando con tanta fuerza, aparece esta novela que, sin pretenderlo, logra un empoderamiento en la figura de una chica común y corriente. Porque este no es un libro feminista, aunque en esencia lo sea. La novela no deja de coquetear con el descubrimiento personal, con los anhelos de la vida, con el deseo de reconocerse sin deberle nada a la sombra de los hombres. Por eso esta larga carta, dirigida a un Julio al que interpela constantemente, hace sentir al lector como un espectador que se infiltra en la vida de esta adolescente y aprende a quererla, a entender sus propias contradicciones. Mary Jo aborda su propia mirada de sí misma y de lo femenino. Derrocha naturalidad y belleza.

Publicada originalmente por Planeta Tagerina, la novela dialoga con unas ilustraciones al estilo novela gráfica, en tinta azul, que sirven como refuerzo de la vida cotidiana de estos jóvenes. La traducción que la editorial El Naranjo hizo en el 2018 (advertimos que había dos libros del año pasado, este es uno y es maravilloso) mantiene ese difícil equilibrio entre lo actual, lo poético y lo espontáneo. La potencia de su historia está en el lirismo del bellísimo texto, que alimenta la identidad propia del libro que crece discretamente, como en palabras de la protagonista: "las cosas crecen sin hacer ruido, Pirata. Los árboles, las sombras, los días. Yo también crezco sin hacer ruido. Mi cuerpo y mi reflejo. Mi alma, mi fleco".




 
 

Y ENTONCES NOS PERDIMOS

Ryan Andrews

Traduce Alba Pagan

Astronave, 2019

¿A dónde irán a parar los cientos de farolillos que las personas del pueblo liberan en el río durante la Fiesta de Equinoccio? Los amigos de Ben, curiosos y arriesgados, necesitan confirmar la verdad alrededor de esta tradición. Ellos no están conformes con la teoría de que sus luces formen parte de la Vía Láctea, ni que las estrellas sean el desenlace final. Algo más debe estar ocurriendo y solo hay una forma de enfrentarlo: siguiendo el caudal del río, junto a los farolillos, iluminándoles en las penumbras del bosque. Solo que no todos son tan valientes y, rompiendo una promesa, los amigos desaparecen dejando solos a Ben y Nathaniel, quienes se toparán con un oso en el camino, también dispuesto a descubrir su propia tradición: antes que estrellas, esas luces son peces del río que lo alimentarán.

Un cómic de aventura en el que el lector, al igual que sus personajes, se pierde en un ambiente tan onírico y místico como el universo fantástico que se despliega. Las ilustraciones, a ratos convencionales, logran conquistar a partir de la ambientación usando un tono predominantemente azul, que evoca lo nocturno y la sensación de ensueño.

La irreverencia de su historia obliga a estos dos humanos a confiar el uno en el otro a pesar de las circunstancias. Un libro que interpela a la amistad, al valor de las promesas y a esa expresión cliché de "en la unión está la fuerza"; solo que en un inagotable y original sentido de la sorpresa ante las alternativas que Ben y Nat están por descubrir.





 
 

El poeta despierta. Percibe un sepulcral silencio. No entiende, se asoma a la ventana: hay movimiento pero sin un mínimo ruido que lo acompañe. Los niños se mantienen sentados, los adultos arrastran sus pasos hasta llegar a su trabajo, los gorriones se esconden debajo de la cama de los humanos. El poeta apenas tuvo oportunidad de encender la radio y oír la última noticia de la emisión antes de que cancelaran el programa: Mayor Dux, nuevo Ministro de Ruidos y Acústica, ha prohibido la música. El decreto, de amplia interpretación, confunde al colectivo. Al fin y al cabo: ¿qué es música? ¿El zumbido de una mosca? ¿Las ruedas de un tranvía que viaja por la ciudad? ¿La palabra de un poeta?

Dividida en compases, como una pieza de jazz, se construye la novela Mayor Dux ¡o el día en el que fue prohibida la música!. Fue publicada en español en el año 2008 por la editorial Lóguez y está ilustrada por el historietista alemán Martin Baltscheit, acompañada con un melódico texto escrito por él mismo bajo la máscara de Bartolomeus Bob. Este es un personaje que vive y narra la historia y a quien se le subraya una vida real al escanear un poema, aparentemente, escrito a mano y dedicado al silencio. Una foto ilustrada al final sirve de marco definitivo para esta ficción.

Esta divertida pieza de humor negro cuestiona la censura con una serie de personajes afines a la música. Escondidos en espacios subterráneos estos se sublevan a las nuevas leyes con sus instrumentos musicales y sus voces, ajenos a una ciudad en la no se puede acceder a la música, se respeta la siesta y se vigila a los ciudadanos para que transiten en silencio. Estos personajes, animales humanizados en su mayoría, se apropian del espacio con la libertad del sonido, huyendo de las autoridades que los persiguen.

Un sapo toca la trompeta, la sutil voz de la mariposa Billy Butterfly enamora a los incautos y la vitalidad de Chester Brown, un vecino del barrio que toca como pocos, hace estallar la mente a muchos: “la música era dinamita”.

El ritmo del texto y sus acordes improvisados se reúnen como un homenaje al origen del jazz, género musical complejo que invita a la concentración del oído en el sonido. Los músicos callejeros, exiliados de su mundo, crean rítmicos poemas que hablan del despotismo de Mayor Dux. Es, al fin y al cabo, la poesía la única forma de rebeldía con la que pueden cuestionar al poder.

Las acciones del relato, de tintes surrealistas, se amalgaman en una profusa narrativa de la imagen que apoya al texto. Con gran vigor, las ilustraciones retratan las formas del miedo y el silencio, con metáforas alternativas de libertad, juegos de sombras en la oscuridad y estallidos musicales con una estridente tipografía. Sus personajes, retratados con humor, pertenecen a una evidente herencia del cómic, género por el que el Baltscheit fue nominado al premio Max-und-Moritz en 1996.

Con numerosas publicaciones de libros para niños, cómics y películas animadas, este autor e ilustrador ha recibido varios premios entre los que se incluye el reconocimiento del libro más bello editado en Alemania por la Fundación Buchkunsten el 2007 por Mayor Dux, resaltando su diseño, el dedicado trabajo de la imagen, la apropiación de los espacios en las páginas del libro, el juego con los colores blanco, naranja, negro y marrón para evocar la luz y las sombras y el uso de la tipografía para resaltar los sonidos implícitos en el conmovedor y disparatado relato musical. Hazaña que repite en el 2011 con su libro El zorro que perdió la memoria, donde trabaja el tema del Alzheimer en un libro para niños.

El camino por el que transita el poeta lo ayuda a escabullirse de la censura y la intolerancia de muchos cobardes en la ciudad… hasta que llega al Ministerio, donde se enfrentará al verdadero motivo personal del mandatario, por el cual impone tan improvisado decreto. Finalmente, es una novela que narra y canta la censura desde un colectivo y su inteligente estructura hace del libro un objeto para que el lector cuestione sus coherentes imágenes, o la ironía transformada en mensaje.

Su lectura deja pistas para dudar del poder, pistas vitales para que sus personajes puedan recuperar, de nuevo, un derecho natural inherente al ser humano e incluso de los animales: el ruido.


 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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