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Actualizado: 12 sept 2025

Buenos días.

 

Nos esperan tantas cosas este lunes y martes, que quiero ir al grano. Cuando decidí proponer este proyecto a la Subvención de la promoción de lectura y las letras españolas del Ministerio de cultura, tuve dudas acerca de la motivación final de las jornadas. Es decir, últimamente cuando se habla de jóvenes que leen, muchas veces se vincula directamente con la sobreproducción de libros de índole comercial. Y antes de que me acusen de purista, mi problema no es que se lean libros para el entretenimiento, sino que todos los espacios en los que se vinculen a los jóvenes que sí leen, abracen únicamente esas narrativas. El joven que lee, es casi un slogan publicitario. Una imagen que pasa por encima de la humanidad de ese mismo joven. Cortando el derecho a otras narrativas que no sean romántica, fantasía, manga, y dejando en la frontera muchos otros libros, otros géneros. ¿Entonces?, ¿el problema es la idea que tenemos de les jóvenes que leen?, ¿de la idea que tenemos del mercado que debe leer ese joven?, ¿o de nuestra incapacidad de entender al joven como a un ser humano que piensa, dice, crea, debate y construye?. Y mejor no hablar del no lector. Una figura que nace entre las sombras de los barómetros, como una pesadilla que susurra: entiéndelo, acceso y compra no es lo mismo, ¿escuchas?, ya nadie lee. Pero esa afirmación: Ya nadie lee, ¿es cierta?, ¿o es que acaso el concepto de la lectura debe entrar en una revisión fuera de lo convencional?. El caso es que, puse Ya nadie lee, con la certeza de que me dirían que no. Y pues fue que sí. Y agradezco la confianza a quienes revisaron este proyecto dentro del Ministerio y dijeron, pues sí, vamos a darle apoyo a esta cosa. Pero para los que no saben, esta subvención no cubre el cien por ciento del evento, y aquí entran los aportes de Cultura y Juventud Gijón, quienes han confiado y apoyado nuestra agenda, que ha sido tan variante en los primeros meses. Así como doy las gracias a la red municipal de bibliotecas, la Caja rural de Asturias y Piratas de Alejandría, con sus pequeños aportes. Y por último, agradecer a TresBrujas, Banco del libro, Libros para niños y Proyecto Mandarache por todo el apoyo. Sin ninguno de estos agentes, este evento no sería posible.

 

Aunque, el verdadero motor de todo esto son las, los y les jóvenes. Esas personas que, probablemente en su mayoría, sigan sin saber qué hacen aquí sentados. Y es que advierto, no hubo grandes comités iniciales de preparación, ni tampoco la idea de un comité sesudo de pezlinterna. No. Mi intención era reunir a jóvenes lectores y no lectores, de difentes comunidades autónomas, de diversos clubes de lectura, incluso alguna que acabo de conocer. Quiero que nos escuchemos fuera de la etiqueta. De ese joven y de ese adulto. Obviamente gestionar esto, no fue fácil. Todas las mesas que van a ocurrir entre hoy y mañana, han sido preparadas con una, dos o incluso más reuniones previas. Un constante feedback de entender hacia dónde dirigir la mirada. ¿Y saben qué es difícil? Decirle a un joven o a un adulto, que tienen absoluta libertad para decir y hacer lo que quieran.

 

A pesar de esa dificultad, hay mesas creadas a partir de la sugerencia de distintos jóvenes, invitados que yo no conocía y me revelaron estas mismas personas. Si Maya, Alma y Rotar, que no se conocen, me proponían un mismo nombre, es porque allí toca prestar atención. Así que aquí estamos, en un profundo y complejo ejercicio de libertad. Y es que como mediador, pienso constantemente sobre  ¿qué queremos realmente de los jóvenes?, ¿por qué nos cuesta tanto entender su relación con la ficción?, ¿por qué insistimos en hablar de esas personas como los otros? Además, ¿por qué seguimos romantizando la precarización del que trabaja con la cultura y la mediación? Es difícil proponer ejercicios de creación conjunta con jóvenes, a los que nos les puedes garantizar ni su tiempo ni sus posibilidades. Hoy deberían estar aquí Adry o Pelayo o Noel o Sara,  pero tienen que ganarse la vida como ayudante de cocina o camarero/camarera, en trabajos muy exigentes, que frustran sus intenciones de crear estos espacios. Como ellos, puedo citar muchos ejemplos de jóvenes que han estado yendo y viniendo y pensando alrededor de las jornadas, pero que necesitan que se les garantice una estabilidad mínima porque de libros no se sostiene el cuerpo, y el alma sin cuerpo es sólo un fantasma. No quiero una sociedad de fantasmas. Quiero una sociedad donde seamos capaces de vernos unos a los otros, escucharnos, ayudarnos a darle forma a aquello que somos incapaces de nombrar. Y eso no se hace desde la figura del poder, sino desde las ganas de escucharnos, de aprendernos y echarnos una mano. O las dos.

 

Por eso agradezco el enorme esfuerzo de estos jóvenes que estarán rotando alrededor de las jornadas, porque muchos de ellos tienen responsabilidades que atender o exámenes de la EBAU que presentar. Gracias Maya, Alejandro, Mercedes, Iván, Sara, Violeta, Enerolis, David, Daniela, Mario, Chema, Eyad, Silvia, Dani, Rotar, Hugo, Paloma, Alan, Luis, Nuria, Gabriela, Manuel, Aly, Sergio, Elena, Alma y Guery. Pero también agradezco a Jaime, Lorena, Ramón, Valerie, Ruben y Annabel que forman parte de PezLinterna, que han crecido estos quince años. Porque sí, estamos cumpliendo quince años, y vamos a aprovechar para que todo esto sea una celebración. Gracias Beatriz, Marcos, Aitor, Isabel Benito, Celia, Laura, Marcelo, Lara y Bea por su ayuda. A las bibliotecarias que nos han brindado un espacio para estar y ser. Y los nombro a todes, jóvenes, adultos, en un mismo hilo, porque a las personas hay que nombrarlas, escucharlas, reconocerlas. Por último, gracias también a todas las personas asistentes que se han tomado el tiempo y la disposición de venir a escucharnos. Fueron 102 inscritos de distintas ciudades, y eso me conmueve especialmente. Y como aquí, los mediadores somos nosotres, quisiera que nos tomáramos un tiempo para verles. Hemos preparado un vídeo especial compuesta por la mirada de alrededor de 80 jóvenes de Colombia, Nicaragua y España que han formado parte del proyecto de múltiples maneras, personas a las que conozco y reconozco. Junto al talento documental de Maya G. Mori, quien tras varios audios, reuniones y locuras, fuimos encontrando espacio y cabida a todos los vídeos que nos enviaron. Así que, disculpen que los interrumpa con este pequeño gesto de cursilería amorosa, pero quiero leer una carta acompañado por estas imágenes. No me miren a mí, vean el vídeo, esta composición que hizo Maya: su mirada sobre las muchas / otras miradas; y poco a poco mi voz se unificará a la música. Insisto, no me vean, sólo dejen sus ojos sobre el vídeo.


Hola, gente querida.


Les saludo desde el otro lado.


Desde una frontera en la que se empeñan en colocarnos. En ese ustedes y ese nosotros tan complicado, porque el nosotros parece poco inclusivo. No es que ustedes sean un abrazo andante a decir la verdad, pero al menos sé que cuando aceptan un gesto de confianza, se adaptan a los espacios seguros. No siempre hemos vivido en un castillo. No hacen falta pasaportes. No existe esa obscenidad como lo cataloga Paloma Chen. Por eso siempre quiero tener junto a ustedes, un espacio seguro para estar, hablar, cuestionar al mundo, bailar en una fiesta imaginada dentro de un podcast, cantar la bichota aunque me juzquen, que me llamen Freddy Margarito, Baymax, perro de Estambul o ser ageneracional. Que se aprendan mi número de documento con la intención de chantajearme y descubrir que soy de fraude fácil.


Bailar just dance en medio de la biblioteca y sacar los pasos prohibidos para que los lectores de prensa que parecen hechos de roca y cemento pegados al suelo, reclamen por ese sacro santo derecho al silencio. Verlos crecer, que me regalen gallinas, subirnos a las mesa, construir un tanque rosa, hacerme pasar por muerto o extinguir juntos a un planeta para construirlo desde cero. Leer: “Los ojos de mi madre eran brotes a la espera”,  y burlarnos de Murakami por ser un mal vendedor de teletienda, sufrir con la poesía de Blandiana o el vendado de los pies; ser beligerante como la abuela de Marjane hablando de la dignidad, aunque me hagan un golpe de estado a punta de fantasía. Importante, no olvidar nunca el cuerpo ni perdernos en catedrales. Aunque sí en teatros misteriosos de mercados. Ubicarnos en la carretera bajo un rayo de sol, o en medio de un juego en el que no se puede parar de andar, que es casi mejor que cierta lotería. Que me adviertan no fredo no, cuando busco la manera de subirme a un árbol porque nada tiene sentido.


Pero no puedo, no puedo subirme a ese ni a ningún otro árbol a menos que sea para ver al mundo sobre las ramas, porque el mundo tiene sentido gracias a cada relato que me ofrecen ustedes con sus miradas. ¿De eso va un poco la humanidad, no? De ser un cursi-cuchi asumido. Un zorro chuleta vegetariano que busca hacer nuevos amigos entre los otros animales. De observar cada registro, cada persona, y juntes, encontrarnos dentro o fuera del libro, pero construyendo un gran relato. Digo libro, pero también puedo decir el arrullo de mi madre, el perreo con Nuevayor de Bad Bunny, el impacto de Bojack Horseman, los caballos de Zelda con cada uno de sus nombres, los debates del festival de cine de Gijón, o el tejido artesanal de las mujeres guatemaltecas. Y quiero que sepan que sigo aquí, en esta frontera, no por distante sino por respetuoso. Que saben que la mediación es un torneo de iguales con el único premio de encontrarnos en la palabra, como dice Andruetto. Y ya, con el lenguaje en medio de este terreno neutro al que llamo Khamekaye, invocar a Las Malas y decir: “Todo puede ser tan hermoso, todo puede ser tan fértil, tan imprevisible, cuesta creer que sea obra de algún dios. El lenguaje es mío. Es mi derecho, me corresponde una parte de él. Vino a mí, yo no lo busqué, por lo tanto, es mío. Me lo heredó mi madre, lo despilfarró mi padre. Voy a destruirlo, a enfermarlo, a confundirlo, a incomodarlo, voy a desplazarlo y a hacerlo renacer tantas veces como sean necesarias, un renacimiento por cada cosa bien hecha en este mundo.”


Sí, sean subversivos, libres, inquietos, destrocen el lenguaje, piérdanse en él, reháganlo, es su derecho. Pero no dejen a nadie fuera, porque cuando nadie nos ve, somos casi iguales. ¿No les parece? Hagamos cada cosa bien hecha en este mundo y así, juntas, renaceremos.


Un abrazo, Freddy G.-




  • El primer vídeo es un ejercicio documental de Maya G. Mori con música de Marc Ayala Dalmau. Para la realización de este vídeo usó la mirada de jóvenes de Nicaragua, Colombia y España: Adry, Irene, Noel, Hamilton, Keith, Laura, Valeria, Juan Felipe, Eva Juliana, Jean Piher, Mariana, Álvaro, Amelia, Candela, Elsa, Luna, Malcolm, Sara, Soukayna, Borja, Irene, Isa, Jessi, Lara, Lucía, Sara, Sara A., Ariel, Gabriela, Nico, Tomás, Leire, Mark, Alfonso, Cecilia, Cris, Darío, Elena, Itsasne, Lucía (Muba), María, Raquel, Sara, Sara J., Vicky, Heiner, Anthony, Carol, Danislao, Efrenia, Luis Alfonso, Claudia, Naiara, Mary Cruz, Roberto, Paloma, Adahara, Marina, Halima, Juan Diego, Edwin, Zharick, Sandry, Génesis, Valentina, Sidrad, Humberto, Adriangel, Mariana, Taliana, Jose, Deiver, Berenys, Luis Mateo, Darío.


  • El segundo vídeo es un ejercicio documental de la noche del primer día de la jornada, con imáges de Eyad Mahmoud y editado por Freddy Gonçalves. La música es de Jaime Yáñez. Participan en el vídeo: Alejandro, Iván, Mercedes, Sara, David, Chema, Silvia, Eva, Alan, Elena, Mario, Enerolis, Lucía, Dani, Manuel, Luis, Jaime, Eyad, Marcelo y Freddy.


 
 

Después de más de 20 años de experiencia transformando la lectura juvenil, Premio Hache y Mandarache decide compartir su experiencia.


Freddy Gonçalves Da Silva ha recopilado en esta guía todo lo necesario para replicar el modelo Mandarache.




 
 

Actualizado: 25 ago 2025



Esta entrada recoge algunos apuntes durante la preparación de talleres dirigidos a niños de quinto y sexto grado. Es la radiografía de un proceso mental. Son algunas ideas sueltas de un mediador acerca de cómo abordar el concepto del tiempo en la literatura y el arte. 

Liliana Bodoc, en su novela El mapa imposible, construye una categoría propia del tiempo a partir del cambio del nombre de Julián. Este personaje, ya anciano, va organizando sus propias épocas a través de la forma en cómo lo han nombrado: el uso de los diminutivos cuando era bebé; el nombre derecho en las planas que le obligaban a hacer en el colegio; la forma respetuosa de tratarlo en la adultez. Durante su vida fue Juliancito, Julián, Jota, Don Julián.


Rodrigo Fresán, por su parte, cuestiona aquellas palabras que son atravesadas por el tiempo en su novela El fondo del cielo. Lo hace a través de dos primos adolescentes, Ezra e Isaac, fanáticos de la ciencia ficción, que crean el grupo de Los Lejanos. Esto antes de enamorarse de una misma chica y que, en esta compleja historia del fin del mundo (o inicio de la imaginación), uno de ellos decida dedicarse a la ciencia y el otro a la ficción.

"El pasado nunca deja de moverse aunque parezca algo inmóvil".

El narrador de la novela reflexiona acerca de las narrativas futuristas: ¿quién?, ¿desde dónde? y ¿cómo se contaban?. Pues, por mucho tiempo, el futuro de la ciencia ficción parecía estar contado a través de una única relación social e idiomática con el inglés. Las palabras alien o astronautas, no formaban parte de un imaginario colectivo como sí lo hacen en la actualidad:

"me invade la sospecha de que todos los habitantes de este planeta son, sin ser conscientes de ello, escritores de ciencia- ficción".

Ante la pregunta, ¿qué es el tiempo? Pueden existir múltiples respuestas, incluso formas o categorías para organizarlo. Para la cultura Aimara en América del Sur (entre Perú, Chile y Bolivia), el pasado está justo delante, es aquello que se conoce porque se observa. Es el nayra que significa ojo, pero también adelante, poder ver el pasado. En ese sentido, el futuro queda detrás del ser humano, es aquello que no se puede ver. Por otro lado, los aborígenes australianos creen en el tiempo del sueño, como una línea alterna al tiempo objetivo, una especie de ciclo infinito de la creación. Por lo tanto, en el sueño se expanden los valores y la símbolos a los que el humano debe estar atento.


En la física existe el principio de la entropía, en que a medida que pase el tiempo, los sistemas tienden acercarse irremediablemente al desorden o al caos. Aunque también está la idea reciente del filósofo matemático Sam Baron en la que los objetos y los humanos sólo somos partículas en el espacio, por lo que el tiempo realmente no existe, pues no puede ser validado por ninguna teoría física. Para ahondar en estas teorías, me falta mucho conocimiento técnico y científico. Soy más el personaje de Isaac que se aferra a la ficción.


Vuelvo entonces a la pregunta inicial: ¿cómo conversar sobre el tiempo desde lo literario?


Festival Cuéntalo


A finales del 2023, fui invitado al Festival Cuéntalo para hablar del tiempo con estudiantes de 5to y 6to grado de distintos colegios de Logroño. Fueron quince grupos con los que dialogué sobre las distintas formas de enunciar al tiempo. Más que proponer soluciones, eran talleres de preguntas y reflexiones. Leímos, observamos, analizamos y exploramos el tiempo real versus el tiempo de la ficción, de cómo el tiempo de la lectura no siempre se corresponde al tiempo del universo en el que habitamos al leer. A su vez, desarrollamos una cápsula del tiempo. Se trata de un archivo sonoro en el que todos los participantes grabaron sus disertaciones sobre el tiempo y el futuro. Para eso usamos algunos libros.


Pero antes de hablar sobre los libros, escuchemos a estas jóvenes personas maquinando sobre el tiempo. Aquí les comparto una cápsula resumen de estos quince grupos:


Cápsula del tiempo


Cápsula del tiempo

En el siguiente enlace, comparto la cápsula de cada aula: Cápsulas del tiempo


La noche está llena de promesas



Este libro inspiró una propuesta y generó una interrogante. La propuesta fue hacer la cápsula del tiempo, esta compilación sonora que permitiera dar a conocer sus opiniones acerca del tiempo. Para aquellos que no conocen este libro, La noche está llena de promesas establece un ejercicio casi humanizado, del viaje de la sonda espacial Voyager 2. Está narrado en primera persona, con muy pocas palabras. Es una mirada reflexiva, tanto en texto como en imagen, del infinito como escala de la existencia de este artefacto.


En este caso, la sonda viaja sola en medio de la galaxia, descubriendo el universo, pero esperando que alguna otra especie desconocida la encuentre. En estas sondas se albergan unos discos dorados con información vital de la humanidad. En mucho menor escala, quise reunir con los jóvenes participantes, sus ideas sobre el tiempo y el futuro. Ideas que se mantienen almacenadas y que luego escucharán años más tarde.


Ahora bien, la interrogante que propuso el libro, está precisamente ligada al tiempo de la ficción. ¿Cuánto tiempo pasa realmente cuando leemos un libro?, ¿es posible medir el tiempo en el que transcurre una historia? Al leer este libro en voz alta, podemos calcular unos cuatro minutos leyendo sin atención al detalle de las ilustraciones, pero realmente el lector transita diez años en la historia del Voyager 2. Ese dato lo obtenemos al leer la información final del libro. Pero qué pasa si no tenemos ese dato, y leemos solo la narración en primera persona de la sonda espacial. Nos da la sensación de que su viaje es mucho más rápido, que avanza en cada detalle que nos cuenta de su exploración. Ahora bien, ¿y si nos olvidáramos del texto? Si siguiéramos únicamente a las ilustraciones, ¿cuánto tiempo realmente transcurre entre las páginas? Estamos observando a la sonda viajando sola en medio de espacio. ¿Acaso somos conscientes de cómo se mide el tiempo en el espacio? En teoría, allí no existe el tiempo, porque este concepto depende de la rotación de la tierra sobre su eje. Por lo tanto, el tiempo es una invención de la raza humana. Entonces, ¿qué es el tiempo?


Como ven, la interrogante propone la pregunta para la cápsula del tiempo. Sin embargo, otro libro nos ayudó a profundizar nuestra mirada del tiempo.


Existe una reseña de este libro en nuestro blog,


El mundo en un segundo


Este álbum ilustrado fue uno de los detonantes de la conversación. El mundo en un segundo propone, en cada doble página, un viaje a distintos lugares del mundo, en los que ocurre una misma acción durante un segundo. Es el mismo segundo en México, Japón, el Mar Báltico, Venezuela... aunque cada una de las imágenes representan el momento exacto de una acción diferente, provocando en el lector la sensación de suspenso, alivio o angustia.


Cada uno de esos actos parece ser irremediable: se acerca un temblor que predicen los perros; una pelota va directo al cristal de una ventana; una mujer mayor cierra los ojos (¿para dormir o para morir?). Todo está almacenado exactamente en el mismo segundo. Es un libro que, desde la ficción, da la sensación de lo efímero, del instante. Evidentemente hubo quien habló de las teorías de los multiversos y las diveras líneas temporales, inspiradas en Loki o Spiderman. Sin embargo, decidimos seguir con el libro, pues su lectura se articula en la realidad desde un conteo diferente. ¿Cuánto tiempo dura el disfrute de una imagen?, ¿qué pasa cuando alguien registra la historia de un instante?, ¿es capaz de abarcar todo la imagen en un mismo tiempo?, ¿el tiempo es acción o sensación?


Estas preguntas dieron la oportunidad de pensar en la percepción del tiempo. Por un lado, el aburrimiento y la diversión, que generan impresiones diferentes en la velocidad del tiempo. No es lo mismo estar esperando que se acabe un examen para el que no se está preparado, que echar la tarde jugando con los amigos en un parque. De la misma forma, nos detuvimos en la idea del sueño, en cómo el inconsciente nos puede conducir a una narrativa temporal infinita mientras que en la realidad objetiva, apenas pasan pocas horas o minutos. Por último, la percepción dentro del videojuego. ¿Qué ocurre dentro del universo Minecraft? Un espacio atemporal que se construye de la nada, un mundo abierto dispuesto a la construcción. O en The Legend of Zelda: Breath of the wild, donde existe un tiempo paralelo en el que ocurre la línea temporal de la historia, atravesada por distintas otras historias que ofrece su mundo abierto. Incluso en Fortnite, donde se proponen pequeños sistemas temporales. En estos sistemas se propone una competición en el que gana quien se quede en pie, o quien pueda huir de una tormenta que pone fin a las posibilidades de este mundo que es infinito. Esto hace que siempre se repita la misma acción en bucle. El tiempo objetivo se hace aún más relativo ante la velocidad de este sistema.


Jugar de forma colectiva, puede hacer que todos los que comparten ese juego, se conecten en una misma percepción temporal juntos. ¿Puede ocurrir lo mismo con la lectura en voz alta? ¿O el lector / oidor es un agente pasivo en la ejecución del texto?


(Nota al pie: que importante sería hablar del tiempo con otros videojuegos fuera del corpus comercial/convencional)


Suena complicado, pero es el enganche de la competición que te mantiene avanzando constantemente hacia nada concreto en el tiempo del juego. Esto nos condujo a otro ejercicio, en cuanto a la forma en cómo somos capaces de construir la memoria colectiva.


Para eso, tomamos en consideración una de las obras de Liza Ambrossio.


La ira de la devoción

Más que profundizar en el proyecto de esta artista mexicana, queríamos asomarnos a su intención. Con esta exposición, Liza Ambrossio pareciera querer descomponer su propia historia personal para reiniciarse. Existe mucho del dolor hacia su madre, de la extrañeza, la oscuridad, del orden esotérico. Sin embargo, la intención no era abarcar esa idea general sino inspirarnos en ese reconfigurar su propio pasado. ¿Cómo cuentas una imagen?, ¿cómo una imagen es capaz de contar una historia?, ¿cuántas subjetividades habitan entre el pasado de quien cuenta una imagen y de aquel que la reinterpreta en el presente? Es por eso que un sencillo ejercicio de descripción de la imagen a ciegas, permitió una especie de dictado colectivo en donde las interpretaciones construyeron múltiples alternativas. Para eso, se les ofrecía a dos de los alumnos la posibilidad de ser quienes narraran la imagen de la forma más objetiva, sin mostrársela a sus compañeros.



El uso de esta imagen no es casual. Los elementos que forman parte de la fotografía permiten jugar con el espacio, la disposición, los objetos anacrónicos, el arte con un filo clásico en contraposición de la silueta de la artista. Se cruza la idea de los tiempos como rastros de épocas diferentes. El tiempo como línea argumental de la historia humana.


Por un lado, en la obra da la sensación de reencuentro con piezas de un pasado clásico en donde la artista es apenas una sombra. Busca poner orden en su propia historia, en la relación con su pasado. Pero cuando eres un espectador de esta foto, sin contexto o sin ver el resto de la exposición, ¿qué es lo que estamos viendo?, ¿dónde nos está ubicando la foto?, ¿qué queremos que se vea? Esto nos da otra sensación del tiempo. Aquello que interpretamos al ver una imagen, no es lo mismo que puede interpretar otra persona, ni siquiera su propio creador. Existe una especie de mirada atemporal que nos ofrece la libertad de recrear ese espacio. Y mucho más cuando buscamos transmitirlo.


Tras la descripción a ciegas, se dieron una serie de nuevas interpretaciones a partir del ejercicio "objetivo" de poner la imagen en palabras. Por citar algunos ejemplos, fueron problemáticos elementos como el teléfono, difícil de describir por su casi inexistencia en el imaginario colectivo contemporáneo; el libro sobre la mesa que lo veían como un ordenador cerrado; o la estampa del pesebre católico, cuya descripción se hacía confusa no solo por su composición dentro de la foto sino por desencuentros culturales de quienes participaban en los talleres. Esto permitió construir formas distintas de narrar esa fotografía.


Sumado a esto, si se trata de una exposición fotográfica, ¿tiene valor intrínseco porque es arte o su valor real se lo da el tiempo? Aquí comparto algunas interpretaciones:




Tiempo cero


Quizás una de las curiosidades de los talleres, fue el interés que este pequeño libro experimental despertó entre los jóvenes participantes. No es casual que en cada curso, mientras revisaban libremente los libros que había llevado, se detenían en este, lo leían, lo compartían y preguntaban dónde se podía encontrar. Es un libro que, materialmente, pareciera no tener ningún interés comercial. Son hojas de cartulina negra, con imágenes en blanco y negro dispuestas en los laterales de las hojas (solo tres páginas usan el azul o el rojo). Estas imágenes son fotogramas de un audiovisual que realizó David Jiménez a partir de un fragmento de la novela Lo demás es aire de Juan Gómez Bárcena. En sí, existe una complejidad técnica en cuanto a su diseño. Cuando lo abres, debes leerlo en vertical, porque se trata de dos historias que ocurren en paralelo. Ambas, siguiendo el curso de sus páginas, al derecho y al revés. Por un lado te habla del espacio, de la sensación de infinitud que genera, hasta que aparece un ammonites, un cefalópodo de concha espiral que empieza a habitar en este mar (que podría ser espejo del cielo). Al final, de forma continuada o independiente, se genera una nueva historia. La de este ammonites muriendo, fosilizándose, formando parte de ese espacio infinito hasta que una mano humana llega a tocarlo.


Dentro de la novela de Bárcena, se trata del año 1995, cuando un niño se encuentra a este ammonites fosilizado del período Cretácico. Porque de eso va la novela, de la memoria histórica de un pueblo, a partir de las múltiples vidas y líneas temporales que se recogen en ella. Solo que Tiempo cero decide tomar únicamente este fragmento, a ratos poéticos, en donde el lector flota a través de un universo de partículas que revelan nuestra propia esencia y temporalidad en medio del todo. Sí, puede parecer angustiante, o quizás un ejercicio de conciencia acerca de donde nos ubicamos cómo parte de una especie. ¿Quiénes somos?, ¿a qué pertenecemos?, ¿qué dice el tiempo de nosotros? O como diría el libro, del libro: "Nada tan difícil como imaginar ese tiempo que nadie ha visto".




Curiosidades mainstream

  1. Asistí con una camiseta de con una frase de Karol G: "Mañana será bonito". Esto permitió una conversación acerca del tiempo con un chico que había recibido un mensaje de la cantante, en donde se hablaba de futuros alternativos como estímulo para que él se dedicara a cuidar y pensar en su presente. Él le pedía matrimonio, ella le explicaba cómo su juventud iba a contrastar con la futura vejez de ella; por lo tanto, para evitar el desencuentro, era mejor dedicarse al desarrollo de su presente para que pudiera admirarlo como él lo hacía con ella. Un mañana será bonito en toda regla. Esa camiseta resonó en muchos participantes, tanto que incluso tuvo su propio dibujo.


2. De tanto hablar del tiempo, me salió un video de la tiktoker @blux.gigi, joven que dice habitar en villaot. Ella hace compilaciones obre los momentos icónicos del reality Operación triunfo, del que es una fanática conocedora de su historia. Es un archivo andante. En este caso, recoge una clase de Hugo Cobo, concursante de la edición del 2020, en donde pensar en el tiempo le causa un dilema existencial que parece divertido y obvio; pero que realmente me pone a pensar qué tanto nos dedicamos a los grandes conceptos.




Otros libros para pensar el tiempo




Otras conversaciones de Cuéntalo

Si te interesa el tiempo como concepto, vale la pena que asistas a estos vídeos recopilatorio de los encuentros propuestos por el festival. Existen distintas maneras de hablar del tiempo:






 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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