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En la estantería de mis libros, reposa un disco duro externo que se construyó a trozos. No sé explicárselos porque no tengo noción de estos temas, pero sí recuerdo que eran tiempo de escasez en Venezuela y que aquel hombre en Sabana Grande me pedía solo una hora para improvisar este artefacto. Qué ironía, a veces una hora parece ser una vida entera, pero en este caso no podía negarme, era la única alternativa que tenía para almacenar la descabellada idea que se nos había ocurrido en PezLinterna: cuarenta y tres entrevistas en vídeos a autores, ilustradores, editores y especialistas de la literatura infantil y juvenil en Colombia y Venezuela.

La idea nació en un grupo de Whatsapp en el que estábamos Lorena Ayala, Valerie Weilheim, Ramón Barreto, Jaime Yáñez y yo, Freddy Gonçalves Da Silva. Fue una conversación amistosa y relajada que fue terminando con un “Y si…”, luego con un “Me parece necesario” y ya finalmente con un “Vamos a escribirle a…”. No hubo preguntas ni dudas, ni obstáculos. El plan tenía todas las posibilidades para ser un caos, pero insistimos. Teníamos ganas de crear. Y así fue que lo hicimos: aprovechamos un viaje que haría Bogotá-Caracas-Medellín para ejecutar el plan. En Caracas sería sencillo, pues tenía el apoyo de Valerie y Jaime, pero en Bogotá necesitaba a más gente “poniéndole la ficha” a esta loca causa.

A partir de las voces de estas figuras representativas de la literatura infantil y juvenil, buscábamos explorar juntos ideas alrededor de la creación y el mercado en dos países posibles, separados apenas por una frontera. Obviamente dos países con sus propios conflictos e intereses. Sin embargo, veíamos necesario rescatar y mantener el acervo de los personajes que construyen este imaginario literario, muchas veces marginado por la academia y otras entidades de la cultura. Es decir, nuestra intención era provocar una conversación amena, cercana a cualquier público, con preguntas sencillas y a veces obvias que sirvieran de guía para los que trabajan en la promoción lectora o la crítica literaria, pero también para aquellos que tienen una vaga idea sobre el tema.


Estas conversaciones buscaban servir de posibilidades para otros países, que vieran los planes que se ejecutan en algunas zonas, formas de resistencia, maneras de pensarse como identidades. No queríamos que fuera material solo para el público colombiano o venezolano, sino que el material tuviera posibilidades para otros países interesados en la literatura infantil y juvenil. No solo hablan los autores, sino también los ilustradores, editores, promotores de lectura, profesores, especialistas, narradores orales, críticos literarios, bibliotecarios. Es una ebullición de ideas contrapuestas alineadas en un interés común: la infancia y la adolescencia. Queríamos, al fin y al cabo, sostener la línea fundamental de nuestro proyecto, conversaciones que inciten la llama crítica alrededor de lo literario.

LA PRODUCCIÓN, ESE ESPACIO ÍNTIMO

Lo que aquel desconocido construyó en una hora, resistió años. Ese disco duro, antes de acoplarse entre los libros, cruzó mares y carreteras en situación de riesgo. El material contenido dentro de ese pequeño cuadrado negro permanece en sus entrañas. Es decir, perderlo era anular horas de entrega de varias personas en el proyecto. Sin embargo, este recorrido tiene un porqué, una razón válida que queremos compartir.

Cuando trabajas con autogestión, el obstáculo mayor es conseguir los medios. Es decir, personas con equipos dispuestas a dar horas de su vida para grabar vídeos de entrevistas que quizás no les interesen tanto porque, seamos honestos, no todos quisieran pasar horas encerrados dando vueltas sobre un mismo tema a menos que realmente les apasione. La fortuna se tradujo en posibilidad cuando sumamos a cuatro personas entregadas a un mismo propósito: la construcción de una memoria cultural conjunta.

De esa forma, aparecieron Miguel Gallego y Juan Pablo Martínez, dos jóvenes creadores de contenidos, quienes fueron nuestros aliados incondicionales en la ciudad de Bogotá para grabar a dieciocho personas. En Medellín contamos con la bondad absoluta de Juan Felipe Vera, quien llevó su equipo de trabajo para grabar a tres personas. Y en Caracas estuvimos afortunadamente acompañados por Mary Antonieta López, con la que hicimos veintidós entrevistas en tiempos de colapso.

En esos días, en varias zonas de la ciudad de Caracas, las fuerzas de seguridad del Estado reprimían a los manifestantes en las calles. Algunas de las entrevistas tienen sonidos de bombas lacrimógenas, manifestaciones y helicópteros. Irónicamente también se podían sobreponer las guacamayas. Es lo que tiene el trabajo en resistencia. Esta incertidumbre se hace latente en algunas de las entrevistas, por eso se habla de la crisis venezolana de los últimos años, de su impacto en la industria del libro, de las formas de respuesta de sus agentes de cambio. Quizás, en esta actualidad, es también importante ver en ese espejo una posibilidad. Por ese trabajo, en el que su seguridad y la de los entrevistados estuvo en entredicho, somos aún más afortunados e insistentes en salvar estas entrevistas.

Ninguno de estos cuatro jóvenes profesionales cobró absolutamente nada por este enorme trabajo documental, digamos que lo hicieron por amor al arte. No lo recalcamos como algo heroico, ni como el deber ser en un proyecto de promoción lectora; al contrario, nuestro equipo siempre ha resentido el hecho de no haberles podido dar ningún pago. En aquella época no teníamos el financiamiento ni pudimos contar con otros apoyos. Insistimos porque ellos nos ayudaron a resistir. Siempre hemos creído en que se ha trabajado muy poco por abrir más espacios de posibilidad laboral en esta área para los más jóvenes en el campo cultural. Estos jóvenes que no son influencers sino personas talentosas con un oficio o una profesión. Una tarea pendiente, quizás ahora que se piensa tanto en el futuro. En fin, que aunque esta discusión da para más contenido, nosotros por ahora solo queremos darles las gracias infinitas por creer en esta propuesta.

Esta ausencia económica, por lo tanto, retrasó también la producción de los vídeos. En primer lugar, porque hubo vídeos o audios que no lograron grabarse bien en aquel disco duro itinerante, por lo que la calidad de la imagen y el sonido puede ser irregular en algunos pocos vídeos. Entrevistas que, a pesar de esto, llevamos hasta el final pues su contenido nos seguía pareciendo valioso. Por ejemplo, las entrevistas de María Beatriz Medina y María Osorio tienen problemas de audio, las de Maité Dautant y Andreína Melo con la imagen.

La edición también fue un acto de aprendizaje durante estos años y con la que, entre ensayo y error, fuimos dándole una identidad a los vídeos. Fuimos publicando unos pocos durante estos años, lo que el tiempo y los recursos no dejaban hacer. No era solo cortar y pegar, sino escuchar e investigar, pues en los vídeos quisimos agregar tips con imágenes o textos que hacen referencia a la labor del entrevistado para darnos una perspectiva sobre su legado.

En esta situación actual de crisis y ante la cantidad de información y propuestas que se fueron sumando en las redes, nosotros quisimos quitarle riesgo al disco duro, entender este presente de manera constructiva a partir de otros espacios en crisis o de creación. Así que en estos días de cuarentena, de manera ininterrumpida, hicimos la edición de absolutamente todas las entrevistas. Esta situación, como valor positivo, nos dejó la oportunidad de concretar algo que comenzaba a parecer un lastre en el sentido de que mucha de la información contenida podría variar en estos mundos veloces. Algunas de las vidas de estas personas entrevistadas cambiaron radicalmente. Esto, más que un inconveniente, fue un reto potente, de entender qué existe en este contenido que puede ser de utilidad para pensarnos desde el presente. Porque las reflexiones interesantes no tienen tiempo de caducidad y es una de nuestras luchas: entender el presente valorando también la identidad de ese pasado que nos condujo hasta ahora. Darle de nuevo valor a la palabra, a las preguntas, a esas cosas que nos interpelan sobre el mundo de la creación, la edición o de la promoción. Pensarnos como sociedad y entender el impacto o la influencia que nuestros actos pueden generar en los otros. Ver en la cultura una posibilidad de seguir insistiendo y construyendo. Es un poco Volver al futuro pero sin el DeLorean.

LO QUE NOS FALTÓ

De todas las entrevistas, solo perdimos una. No por la falta de profundidad, sino por solicitud de esa persona que no se sentía cómoda desde el espacio desde el que hablaba. Del resto todas, afortunadamente, fueron rescatadas porque por algo son especialistas en estos temas. Resentí la imposibilidad de entrevistar a algunas personas con las que no se pudo concretar el encuentro a falta de tiempo, pero a quienes habíamos contactado: Irene Vasco, Martín Murillo (La Carreta Literaria), Francisco Leal Quevedo, Dipacho y Triunfo Arciniegas.

En el caso de Venezuela, la situación del país imposibilitaba el encuentro con Lourdes Morales, Brenda Bellorín, Cybele Peña, Armando José Sequera, Elvia Silveira, Rosario Anzola. Además de que siempre quisimos hablar desde la diáspora venezolana con otros especialistas en la materia como Mireya Tabuas, Gerald Espinoza, Reyva Franco, Isa Saturno, José Urriola, Fedosy Santaella, Carolina Holmes, Menena Cotin, Jefferson Quintana, Ramón París, entre muchos otros. Pero esa idea sigue en el tintero, porque conversar y comprender al otro es el único puente que entendemos.

Las entrevistas pueden verse dentro del blog, en la barra de menú encontrarán la opción Canal. También podrán encontrarlos en nuestro canal de YouTube PezLinterna o desde el IGTV en nuestro Instagram. Debido al esfuerzo que esto ha implicado, los invitamos a compartir, seguir, darles me gusta a los vídeos, es el único estímulo que recibimos de ello. Esperamos que, como a nosotros, les sea de tanta utilidad.

Si te interesa alguna entrevista en particular, aquí les dejamos todos los nombres de los entrevistados con el link:


Conversaciones Colombia

Conversaciones Venezuela

AGRADECIMIENTOS FINALES

Agradecemos también a los espacios que nos fueron cedidos amablemente por alguno de sus entrevistados para llevar a cabo las grabaciones: la anterior oficina de la editorial Tragaluz, la casa de la editora María Fernanda Paz-Castillo, Espantapájaros, Babel y la librería Rey Naranjo. Esa calidez nos permitió continuar a pesar de la lluvia o los trancones.

En el caso de Venezuela quisiéramos agradecer al Banco del Libro, en especial a Olga González, quien siempre estuvo dispuesta a abrirnos las puertas a pesar de que el mundo a nuestro alrededor colapsaba. De la misma forma, a Andreína Melo y Marina Bockmeulen, por ofrecernos la librería Sopa de Letras como segunda alternativa.


Compartimos un registro fotográfico del detrás de cámara:


 
 

“Lo que más les asustaba era que el castillo no se quedaba en el mismo sitio.”

El castillo ambulante

Diana Wynne Jones

Esta crónica es la consecuencia de un proyecto que inicié cuando fui monitor del club de lectura de la Biblioteca municipal de El Coto, España, durante la temporada que abarcó desde el mes de octubre de 2017 hasta junio del 2018. En julio había prometido que compartiría en PezLinterna, a manera de entrevista, fragmentos de una larga charla que tuve en la última sesión con ocho adolescentes que formaban parte del grupo.

Sin embargo, nuestro diálogo se prolongó hasta el verano, y concluí que sería más interesante recoger experiencias, palabras y documentos, que explicaran el origen de las reuniones y que nos llevaron a esa sesión especial de cierre a la que le seguimos dando vueltas en agosto. Con estas muestras, además, podríamos observar las coincidencias en los temas que tratamos durante los nueve meses que duraron nuestras reuniones. De esta forma tendríamos a la mano, una memoria del trabajo.

La muerte antes de la muerte

Para convocar al club de lectura de la Biblioteca El Coto, iniciamos un recorrido por algunas instituciones educativas. La especialista en promoción lectora, Beatriz Sanjuán, y yo, fuimos disfrazados de miembros de una secta del libro. Emprendimos visitas a diferentes centros para promover el derecho a la lectura como una opción libre. Éramos un panfleto andante: “acércate a los libros, que en ellos alcanzarás la palabra liberadora”. Para evitar una mirada aburrida de los jóvenes como antesala, buscamos otro tipo de recursos que nos dieran al menos la oportunidad de la escucha. Si ellos nos oyen, pensamos, hay una ganancia.

El arma de Bea era indestructible: su capacidad de narrar historias. Con esto hicimos la jugada Rapunzel, lanzamos la trenza y saludamos desde lo alto de la torre. El cuento clásico, en su versión original y sin censura, abrió el interés. La discusión acerca de los límites de la ficción y la realidad (o el “estamos grandecitos para creer en esas gilipolleces”), se trastornó cuando revelé una verdad: “yo no sé qué decirles, porque estoy muerto”.

Se vieron entre ellos, sin entender cómo aquello era posible. Y fue desde ese impactante hecho que ellos decidieron treparse en el cabello largo de la chica en la torre y subir. En la cima, y al acabar la reunión, uno de ellos: Adry, alzó su voz para recitarnos un increíble e inspirador poema sobre la mierda. En respuesta, más allá de los aplausos, ofrecimos un par de alternativas literarias sobre lo escatológico y les dejamos una invitación para una sesión piloto en la biblioteca.

Día 0

El primer día fue aterrador. Esta vez me enfrentaba solo al grupo de jóvenes que habían aceptado asistir. Sería mi labor en los siguientes meses. Los vi, a través del vidrio de la puerta de la biblioteca. Era como el castillo ambulante del libro de Wynne Jones, en el que habita el Mago Howl, flotando en medio del salón, siempre dispuesto a moverse de lugar. Habían llegado seis adolescentes: Sofía, Aída, Sara, Eloy, Ariel y Adry. Nos presentamos. Ya no me sentía como un extranjero.

La conversación fue convirtiéndose cada vez más encantadora: compartimos gustos y disgustos de la música, la literatura y el cine. Poco hablamos de series, uno de mis temas favoritos, quizás porque ellos eran más de animes. Juntos, dialogando, fuimos marcando la ruta de hacia dónde podríamos dirigir nuestras conversaciones. En ese espacio, sólo podríamos confiar los unos a los otros.

Con intención de establecer un cordón de seguridad aún mayor, llevamos a voto democrático la selección de temas o lecturas que haríamos esos meses. Pero, además, creamos una palabra que serviría de saludo, de gesto cómplice. Llegamos a ella tras una lúdica dinámica con algunos álbumes que leímos. La palabra serviría tanto de saludo como de despedida: Sefaraxia.

Sefaraxia: (sustantivo) f. Sensación de equilibrio a partir de la lectura de libros y la ficción. Su origen proviene de Ataraxia, concepto filosófico vinculado a la serenidad en el alma, la razón y los sentimientos. Y de siete personas en una sala, cuyas letras de los nombres sirvieron de excusa para la anatomía de la palabra. Espacio de acogida, amistad y conversación.

Nunca se está lo suficientemente muerto

La sesión 1 fue un fiasco. Todos renunciaron al libro 1984 de George Orwell porque no fueron capaces de seguirlo. Sentí que el castillo ambulante se alejaba, pero negado a una posible renuncia colectiva, iniciamos un activo camino de descubrimientos. Por ejemplo, en una de las sesiones más afortunadas, visitamos la obra de Edward Gorey a partir de una aventura en la que estaba en juego la herencia de uno de los libros del autor. Para eso, Eloy tuvo que acabar conmigo y guardar el secreto ante el resto del grupo. Se transformó, hipotéticamente, en uno de los asesinos literarios más astutos con los que me he topado. Aún lo respeto por su astucia, pero también admiro al resto del grupo por condenar lo que parecía un acto heroico dentro de la historia construida en la reunión, cuando realmente era un acto de violencia.

Quizás esto hizo que Sara, meses después, fuera capaz de defenderse del resto del grupo cuando estaban planeando la construcción de un nuevo mundo. El motivo de esa reunión, era volver al tema fallido de la sesión 1, la ciencia ficción, y verla desde otros ángulos. Esta vez no se trataba de violencia, sino de supervivencia, y ella quería establecer el derecho a la vida como una prioridad. A menos que tuviéramos en las manos una Death Note, como fue el caso de Ariel en la sesión de manga, quien hizo un interesante cuestionamiento acerca de la política a partir de la idea de justicia que podía implementar escribiendo el nombre de una persona que debería morir (como ocurre en el manga). Había decidido acabar con un terrible personaje de la historia contemporánea que aún se mantiene con vida. No, no era un instinto asesino por parte de Ariel, se trataba más bien de entender la diferencia entre lo justo y lo cruel.

Fue por eso que, ante un leitmotiv tan recurrente, hablamos de nuevo sobre la muerte a partir de la construcción de "ikigamis". Estos eran comunicados, que así como en el manga del mismo título, le informaban a las personas de su muerte 24 horas antes de que ocurriera. La intención era enfrentarnos a un plano más real, y por eso debían planea cómo seria mi último día. Esto permitía entender qué tanto conocían al otro a la hora de hablar de la muerte. Es decir, dejar de verlos como agentes abstractos y darles calidad de personas.

Sara, por ejemplo, recurrió a mi obsesión fanática por las series de televisión e imaginó que yo recrearía el final de mis series favoritas. Me pareció un gesto igual de respetuoso como el que Katniss Everdeen hizo con Rue, cubriéndola de flores y cantándole, en Los juegos del hambre. Adry, por su parte, se dedicó de a construir una obra sobre mi despedida. Como es un ilustrador en formación, tardó unos meses en entregármelo, hasta poder encontrar su mirada estética de mi fin.

Las otras sesiones, unas más emotivas que otras, pasearon por lecturas cada cual más complejas y con revelaciones humanas sobre nuestra relación con los libros. Para este momento un itinerante Emmanuel, y unas apasionadas Erika y Ainhoa se habían unido también al grupo. El castillo nunca dejó de moverse, más cerca o más lejos, flotaba alrededor, incesante.

Calcifer o la estrella que cae

Para la última sesión, llevamos a votación si leer una novela fantástica o un poemario. La novela fue la ganadora. Después de mucho meditarlo, y gracias a una recomendación de Beatriz Sanjuán (porque todo es cíclico), les propuse que leyéramos El castillo ambulante de Diana Wynne Jones. Aunque no todos llegaron a concluir el libro, o algunos habían visto sólo la película, si llegaron con muchas ideas dando vueltas en su cabeza. El encuentro sería grabado en audio a manera de entrevista. Fue tan poderosa y aventurada la discusión, que no se logró transcribir en su cabalidad. Logré rescatar algunos breves instante que resumen no sólo la conversación alrededor de la novela, sino el eje temático del club durante todo el año:

“—¡Dame comida! –sugirió alguno de ellos.

—Así va a empezar la entrevista, con un “dame comida”. –respondí: –Antes, vamos a hablar del libro.

—¿Qué libro? –pregunta Erika.

—El castillo ambulante, ¿cómo les fue? —insisto.

—Bien… Supongo –aclara Ariel.

A Sara le estalla su conocido ataque de risa que le impide pronunciar palabra.

—Me encantó. Fue rechido. Lo recomiendo a todo el público de países como Venezuela, Guatemala, España, Estados Unidos, la Alemania Nazi, Alaska, el pueblo fantasma, el Japón del período Edo… —interviene Adry con voz de locutor.

—La peli no es tan parecida. –se lamenta Sofía.

—La película es una inspiración no una adaptación. –le explica Aída.

—Igual me encantó, ¿dije que me lo quiero comprar? –continúa Sofía.

—A lo mejor lo quieres comprar para quemarlo. –intuye Eloy.

—O sea que les gustó… —vuelvo a insistir.

—Si el personaje de Sophie no fuera tan fuerte, no se sostendría el libro. –dice convencida Aida.

(minutos más tarde)

—Es que los demonios de fuego vienen de las estrellas fugaces. Calcifer no quería morir. Y pasó lo mismo con la señorita Ágora. Por eso muchas de las cosas que hicieron fue por miedo a la muerte. Que es un miedo que todo el mundo tiene. –explica Sofía.

—No, todo el mundo no. —le responde Adry, muy serenamente.

—Ah, ¿tú no tienes miedo a morir? –le pregunta Ainhoa.

—No me importaría. Pero hay gente a la que le encanta la muerte. –aclara Adry.

—Pero una cosa es que te encante todo sobre la muerte y otra cosa es querer morir. –Sara interviene seria.

—Si se supone que hay que probar de todo, ¿el suicidio? –provoca Adry.

—Cuidado, que eso es un tema delicado. –señala Erika.

—Lo sé. –afirma Adry.

—Y es que si empiezas una cosa que te da un resultado, y la repites con el mismo resultado, lo irás repitiendo varias veces, creando una adicción a la juventud. Esta adicción te aleja de cumplir al ciclo de la vida. Por eso la bruja del páramo tenía miedo de morir, y eso tiene que ver con no tener el poder. —absorta en su propia reflexión, estalla Sofía.

—Yo no veo para nada la idea de la muerte en este libro. –participa Aida.

—Es que más que morir, es sobre su destino. Eso evita que sean malos malísimos, o adictos a la vida. Es un pacto para ser libres. –aclara Sofía.

—¿Este libro habla de la libertad? –pregunto.

—Sí. –gritaron todos al unísono.

—Dos libertades: la independencia de Sophie, que es la propia y la de Calcifer que está impuesta por otros –explica Sofía.

—Se parece a Blanca Nieves. En el sentido de que la bruja quería el corazón de Blanca Nieves para ser más joven. –compara Ainhoa.

—No es lo mismo. –corrige Erika.

—En blanco y en botella. O la mato o la mato. –sigue Ainhoa.

—O la meto. –dice alguno en broma.

—¿Ven? ¡Todo es por poder! –remata Eloy.

(media hora más tarde)

—¿Por qué eligieron fantasía? –pregunto.

—Porque estamos acostumbrados a leer fantasía y no somos tan de poesía. –dice Ariel.

—Queríamos que el libro fuera gordo. –agrega Sofía.

—Yo en cambio, quería poesía para variar. –insiste Sara.

—¿Y no fue por qué ustedes sí eran libres de elegir? –les sugiero.

—Cero patatero. –contesta Ariel.

—Es porque nos saca de la realidad. –aclara Sofía.

—Me gusta imaginarme otras cosas. –insiste Ainhoa.

—Es un género en el que todos podemos tener ideas que compartir. –dice Ariel.

—No se trata de huir de la realidad ni de ser libres. –concluye Aida.

—¿Llevamos 42 minutos hablando del mismo libro? –pregunta Sara sorprendida.

—El libro no es refugio, es confrontación. —insiste Aida, quien había dicho lo mismo en la primera sesión." Y esas palabras de Aida formaban parte de un sentimiento colectivo que los unía a todos, y no era el tema de la muerte, sino la confrontación. Contrario a lo que muchas veces se dice de la relación de la literatura con los jóvenes, este grupo de adolescentes no buscaban refugiarse en los libros sino confrontarse consigo mismo a través de la ficción para poder seguir adelante y reconocer o entender al mundo. Eran como el castillo ambulante, con Calcifer lleno de energía y contradicciones. Sin ese refugio, ellos iban visitando y deshabitando los libros, de forma libre.

En el verano, todo renace

El castillo siguió su vuelo en julio y agosto, pero una tarde Adry rompió el silencio del grupo con música. Compartió el vídeo de "My generation" de The Who, cuya letra dice:

"People try ti put os down

(La gente trata de menospreciarnos)

—Talking about my generation—

(—Hablando de mi generación—)

Just because we get around

(Simplemente porque vamos donde queremos)

—Talking about my generation—

(—Hablando de mi generación—)

Thing they do look awful cold

(Las cosas que hacen parecen horriblemente frías)

—Talking about my generation—

(—Hablando de mi generación—)

I hope i die before i get old

(espero morir antes de hacerme viejo)

—Talking about my generation—

(—Hablando de mi generación—)

This is my generation

(Esta es mi generación)

This is my generation, baby.

(Esta es mi generación, bebé)

Sofía aprovechó, tal vez de forma aislada, para compartir un mensaje que transcribo:

"He descubierto una cosa importante en el último libro que leímos, el del castillo ambulante. Resulta que eso que hablábamos de la importancia que se le daba a la juventud y a la vejez se debía a que la autora tiene una enfermedad que hacía, pese a ser joven, sentirse vieja y que era lo que reflejaba Sophie."

Esta intervención de Sofía volvió a causar el revuelo de la conversación. Entre dimes y diretes, fueron ellos los que esta vez se atrevieron a recomendarme películas para el verano. Debía comentarles mis impresiones, pero la lista es tan poderosamente buena, que preferí dejarla a la mano de quien quiera ver algo de buen cine. Y es que para crear un club de lecturas no existen manuales. Todo parte de una audaz improvisación pero también del diálogo. Es un trabajo en equipo, donde todas las opiniones deben ser consideradas con igual valor. Y aunque ahora no todos sigamos formando parte del mismo club, Sefaraxia se mantiene como un castillo vivo, que renace cada temporada, paseando con sus voces alrededor de la Biblioteca.

A los interesados de las películas, aquí va una lista de nueve seleccionadas:

Yo, él y Raquel (2015)

Dirección: Alfonso Gómez-Rejón

Comedia que conmueve. Greg es un chico asocial que se dedica a hacer adaptaciones del cine clásico con su amigo: Earl. Son raros y encantadores. También está Raquel, una vecina enferma, a la que Greg debe visitar por petición de la madre. Lo que más conmueve de la película es la forma tan honesta en que retrata la relación entre los adolescentes y el bello trabajo de la dirección de arte. La película, inspirada en un libro del mismo título ganó el premio Sundance.

Gracias a Sara y Eloy.

Director: Tomonori Sudou

Anime de fantasía. Emiya Shirou quiere ser un guerrero justiciero en la Guerra del Santo Grial, pero la relación con Sakura lo protege de sí mismo. Es compleja. Verla es abrirse el camino a diferentes rutas que ofrece "Fate stay night". Requiere al principio mucha atención, pero me encantó el enganche de su historia. Tiene secuencias increíblemente potentes, tanto estética como musicalmente (la aparición de Berkesel y Assasin). Y me fascinó la humildad y nobleza de Shirou.

Gracias, Ariel.

I origins (2014)

Dirección: Mike Cahill

Ciencia ficción con toques de cine independiente. Ian es un doctor obsesionado con la evolución de los ojos humanos. Encontrará en el iris de Sofi (la mujer que quiere), y en la investigación de su ayudante Karen, pruebas que confirmen temas de la evolución del hombre en contra de la espiritualidad. Lo curioso es que la película acaba siendo trascendentemente espiritual. Y eso me gustó, su originalidad en ese debate entre la fe y el la ciencia. Lenta pero honesta y original.

Gracias Eloy.

The wolf children (2012)

Dirección: Mamoru Hosoda

Historia de amor retrospectiva. Amor de pareja, pero también de padres a hijos. Una chica, Hana, se enamora de un hombre lobo y, a medida que transcurre el tiempo, vemos la llegada de dos pequeños niños que ella debe criar. Me gustó esta fábula de la identidad propia, la lucha de los instintos y la necesidad de la libertad. Se cocina a fuego lento, a veces muy lento, pero la belleza de las escenas de transformación en las noches, aportan emoción al amor que se cuece.

Gracias Sofía.

La vida secreta de Walter Mitty (2013)

Director: Ben Stiller

De esas comedias que, al darle la vuelta, descubres el drama. Es la segunda adaptación al cine de este cuento de James Thurber. Walter Mitty tiene miedo a la vida (amor, trabajo, familia...), y se confronta a ella a través de su prodigiosa imaginación. La realidad lo cerca, y lo obliga a tomar la decisión de accionar su vida. Me gustan las transiciones de realidad a fantasía, el buen uso de los efectos especiales, el conmovedor proceso de Walter y la buena actuación de Ben Stiller.

Gracias, Aída

Directores: Kazuchika Kise, Kazuya Nomura

Anime ciberpunk, inspirado en un manga, con el que se despliega el amplio universo de "ghost in the shell". Motoko, cíborg con forma de mujer, emprende una operación de la sección 9 al buscar al hombre que se infiltra en los cerebros de los cíborgs para controlarlos. Al principio cuesta seguir el ritmo al mundo que desarrollan, pero me gusta la reflexión acerca de la identidad y la genética; y la crítica a la política que nos condiciona a ser masas. La secuencia final es genial.

Gracias, Adry.

Eva (2011)

Director: Kike Maíllo

Ciencia ficción con toques de cine independiente español y algo de drama. Álex, ingeniero de un Centro de robótica, tiene la misión de realizar al primer niño robot en una sociedad donde conviven máquinas y humanos. Es la relación con Eva, la hija de su hermano, la que le permita entender su proceso años después. Me gustó su estética, la dirección de arte y ambientación, tan delicadamente lograda. Y la reflexión a la que invita sobre la genética familiar y el poder del afecto.

Gracias, Aída.

Una pastelería en Tokio (2015)

Directora: Naomi Kawase

Drama conmovedor. Sentarō necesita un acompañante en su pastelería y Tokue, una mujer de 76 años, se arriesga a solicitarlo. Gana por su indudable talento, aunque tiene una mal formación en sus manos a causa de la lepra. Esto traerá consecuencias. Es triste, pero con la fuerza reflexiva del cine oriental. Me gustó la resolución de sus personajes, en los que Tokue agradece y Semarō aprende. Además de la crítica hacia la sociedad.

Gracias, Aída.

Black Panther (2018)

Director: Ryan Coogler

Película de Marvel con buena acogida. No sólo por la forma en la que se evidencian la historia de Wakanda, tierra originaria del súper héroe Pantera Negra, sino por el contenido político que eso supone. O sea, es una película de súper héroes pero con una evidente crítica racial a la sociedad de Estados Unidos. Me gustó que apostara a la crítica, y que entretiene, aunque al principio es algo lenta y después bastante evidente cómo lo resuelve todo con sus efectos especiales.

Gracias, Ainhoa.


 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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