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Durante los festivales se genera una velada tensión entre el espectador de nicho y aquel que busca un cine muchas veces más efectista, espectacular. Una de los criterios de valoración de mayor riesgo es el no medio más. ¿Qué significa realmente esto? En el caso de las juventudes se eleva al prejuicio por parte de muchos adultos y fanáticos de nicho, repiten aquello de que los jóvenes no quieren pensar, el tik tok les ha dejado la concentración frita, estímulos, estímulos, estímulos. Y sus conclusiones quedan siempre circunscritas al espacio colectivo de visionado junto a los institutos, contextos de socialización fuera del aula en el que es más relevante socializar, prestar atención a lo humano. En ese sentido, hemos propuesto un recorrido ajeno al afán pedagógico, cuya respuesta de recepción ocurra fuera de los espacios convencionales en los que la mayoría de los jóvenes poco cinéfilos se acercan al festival. Tú ves la película, yo la veo, luego conversamos. Así fue con La voz de Hind, cuya propuesta no deja de ser profundamente efectista en cuanto a las emociones que produce la tensión del hecho que narran. La difusa línea entre realidad, ficción y recreación, genera una sensación de incertidumbre absoluta en el que la película cumple con su golpe de efecto en un público mucho más amplio. Alan la vio, yo la vi, y conversamos.



FREDDY: Si algo no podemos poner en duda, es que La voz de Hind maneja un ritmo tenso que mantiene al espectador todo el tiempo atento. No importa que te sepas el final de la película, eres incapaz de dejar de verla. Y me pregunto si el uso de recursos reales (como los audios y videos) influyeron en eso, si es por el interés que despierta actualmente el tema de la guerra o si es por una estructura realmente sólida en el guión.


ALAN: El guión definitivamente es muy sólido, pero hay que tener en cuenta el hecho de que la mayoría del guion está basado en esos audios y videos reales incorporados durante diferentes momentos de la película. Asi que no me parece que el guion y el uso de audios y videos sean algo separado, sino dos recursos entrelazados que hacen que la película te enganche y no puedas dejar de mirar, creo q si alguno de los dos faltase (que no se usasen o que se cambiase la estructura del guion), creo q la pelicula no hubiera sido tan impactante para el público.


FREDDY: Sí, de hecho, si hubieran reemplazado el audio original, se perdería la motivación inicial. Muy bien logrado el momento final del vídeo original en el móvil, grabando la representación en escena. Existe algo con los tiempos en los que presentan cada cosa, que parece milimetricamente pensado. Las llamadas, las fotos, los audios, los vídeos. Pero no crees que hay un poco de manipulación emocional en lo social. Es decir, aprovecharse de una circunstancia terrible para conmover. ¿Será lo mismo concientizar que conmover?


ALAN: Creo que como humanos es inevitable que al tratar estos temas, (sobre todo en película, algo tan visual), no verse conmovido. No me puede parecer una manipulación emocional algo que, su finalidad, es poder concienciar. Aparte me parece que algo esencial de concienciar a la gente es poder conmoverlos, es hacerles sentir más que escuchar, porque escuchar sobre una tragedia lo hacemos casi todos los días en esta era del internet. Pero verte conmovida por ella, es lo que hace que tomes acción, o que quieras tomar acción. Que es precisamente lo que en mi opinión busca esta película.


Mi madre viendo la película vio a sus hijos reflejados en Hind. Y aunque hasta cierto punto la película es una dramatizacion de la realidad, de esta manera la película a podido acercar a mucha gente a un problema que les queda a miles de kilómetros. Algo que probablemente podrían haber echo sin la capacidad de conmover al público.


FREDDY: Sin embargo, ¿crees que realmente eso genera un impacto en la actualidad? Es decir, las personas no salieron del cine a subirse a un barco o a manifestarse frente al cine (que sí ocurrió en San Sebastián). Me refiero a que esa conciencia también va de la mano de una lloradita y ya, conciencia limpia. No digo que sea la intención de esta película, que eso toca preguntárselo al director. Mi duda va más allá de la idea que necesitamos un formato de ficción, una gran pantalla, para conmover porque ya nos hemos vuelto inmune a la vida real. ¿Esos audios, sin más, nos conmoverían de igual manera? Esa fue una de las ideas incluso dentro de la película, con la intención de presionar a la opinión pública, pero en medio de tanto caos, ¿acaso nos hemos vuelto evasivos ante otras tragedias? Lo que se resume a: ¿esta es una película política y mensajística?, ¿es realmente libre como discurso creativo?


ALAN: Definitivamente nos hemos vuelto inmune a la vida real. No te sabría decir si el ver la película puede llegar a generar alguna reacción, por que al final del dia lo mas cómodo es ver la película, sentir pena, y volver a tu vida. Y aun que creo q mucha gente no se volverán radicales al respecto de el genocidio de Gaza, ver una película así puede impulsar a las personas a informarse e investigar sobre estos temas, incluso llegando a cambiar de opinión.


Y obviamente, yo creo q no conmoverían igual los audios, es muy diferente escuchar audios en contextos de unas noticias, un tiktok o un post en alguna aplicación; que escuchar los mismos audios en un contexto de una película que te da una visión mucho mas global y una visión con la q puedes empatizar e identificarte más, y hay q tener en cuenta que hasta cierto punto la película puede ser considerada un documental, dramatizado, sí, pero un documental.



ALAN: También cabe mencionar que en mi opinión, creo q la película puede ser política y a la vez mensajista. Si se hace bien obviamente.


Puedes tener un mensaje (en este caso político) que quieres comunicar al público, y al mismo tiempo introducir tus libertades creativas a la película y a la situación. Obviamente sin desvariar demasiado de la situación original, porque sino se pierde el hilo y el punto entero de la película.



 
 

Actualizado: 22 oct


En 1990, Joaquín Balaguer consiguió mantenerse en la presidencia de República Dominicana después de unas elecciones marcadas por graves denuncias de fraude. Al frente de la Junta Central Electoral se encontraba Froilán Tavares, un reconocido abogado dominicano y abuelo de la directora Nayibe Tavares-Abel. Treinta años después, en medio de nuevas movilizaciones ciudadanas que reclamaban transparencia electoral, su nieta decide revisar los archivos familiares para comprender qué ocurrió durante aquellas elecciones y cuál fue la responsabilidad de su abuelo.


Colosal es un documental sobre la memoria política de República Dominicana, pero también sobre las dificultades que existen para reconstruir una historia cuando quienes pueden contarla forman parte de nuestra propia familia. Porque una cosa es investigar el pasado de una nación y otra muy distinta es descubrir que las personas a las que queremos pudieron contribuir a sus episodios más oscuros.


Tavares-Abel reúne documentos, fotografías, grabaciones y testimonios familiares para reconstruir una historia que se extiende más allá de las elecciones de 1990. En ella también aparece Amín Abel, familiar de la directora y militante revolucionario asesinado por agentes policiales en 1970. Dos figuras vinculadas a posiciones políticas enfrentadas que permiten reconocer las contradicciones de una misma familia y, en cierta manera, las de un país que durante décadas convivió con la violencia institucional y el autoritarismo. Es probablemente donde radica uno de las grandes confrontaciones ideológicas para el espectador. No se busca, evidentemente, un documental que registre de forma neutral las tensiones políticas de una época, pero como persona que ha vivido las tensiones de un país en crisis, cuesta identificar cuanta conciencia política hay en un registro de la memoria signado por el afecto familiar.


Y es que en este recorrido, el archivo no funciona únicamente como un recurso para explicar acontecimientos históricos. Es también una manera de confrontar los recuerdos de quienes participaron en ellos. La directora construye un árbol genealógico que poco a poco se transforma en una especie de mapa político, mientras las conversaciones familiares van descubriendo versiones distintas de los mismos hechos. Hay quienes quieren hablar, quienes prefieren guardar silencio y quienes encuentran razones para justificar determinadas decisiones. Esa justificación es compleja, porque se cuestiona el valor de ese lazo impuesto por la idea de familia, por el afecto de una interacción social hegemónica, versus la imagen que se refleja de viejas figuras autoritarias o que participaron dentro de las dinámicas de dicho autoritarismo.



Esa es, quizás, una de las cuestiones más interesantes de Colosal, la dificultad de separar los afectos de la responsabilidad política. Los silencios familiares no necesariamente responden al desconocimiento. También pueden convertirse en mecanismos de protección, formas de preservar una imagen o de evitar que determinados recuerdos alteren las relaciones entre generaciones. Sin embargo, comprender las circunstancias en las que actuaron nuestros familiares no supone necesariamente justificar sus decisiones.


La película también sale de ese espacio doméstico para encontrarse con las calles de Santo Domingo. Allí, la directora recoge opiniones sobre Balaguer que evidencian las contradicciones de la memoria colectiva. Un mismo gobernante puede ser recordado como una figura de progreso y, al mismo tiempo, como responsable de un sistema de persecución política. Esa convivencia de relatos permite reconocer hasta qué punto la memoria histórica está condicionada por nuestras experiencias, pero también por aquello que hemos aprendido a olvidar.


El problema que plantea esta propuesta cinematográfica se encuentra precisamente en los límites de su investigación. La proximidad afectiva permite acceder a testimonios y materiales que difícilmente estarían disponibles para alguien ajeno a la familia, pero también puede dificultar que ciertas preguntas encuentren respuestas. La película se mueve entre el deseo de comprender al abuelo y la necesidad de cuestionar su participación en un proceso electoral que comprometió la democracia dominicana. Y esa tensión no siempre puede resolverse mediante los testimonios de quienes lo conocieron.


En paralelo, las movilizaciones de 2020 ofrecen otra lectura del documental. Las nuevas generaciones no aparecen únicamente como herederas de una historia de violencia y autoritarismo, sino como personas capaces de intervenir en el presente. El ejercicio de memoria deja de ser una búsqueda concentrada en el pasado para convertirse en una

pregunta sobre las responsabilidades políticas que asumimos en la actualidad.


Conmovedora secuencia de cierre, en el que la cámara fija se bambolea al ritmo de las olas, mientras la directora intenta cerrar la herida de un padre que falleció. Esos minutos de nado, generan un efecto emocional mucho más violento por su poder íntimo, que los debates del resto del documental. No en vano es una de las piezas del cartel. Porque las familias, como los países, también construyen relatos para explicarse a sí mismas. Y algunas veces, para comprenderlos, hace falta reconocer todo aquello que han dejado fuera.



 
 

Actualizado: 22 oct


Malou tiene quince años, practica remo y vive en un pequeño pueblo donde las posibilidades de construir una identidad propia parecen bastante limitadas. Su madre está ausente y las relaciones con sus compañeros del club deportivo están marcadas por las burlas y la incomodidad. La persona en la que más confía es Max, su hermano mayor, a quien admira y del que hereda buena parte de su ropa. Pero esta relación empieza a transformarse cuando conoce a Nouria, la nueva novia de Max, por quien desarrolla una atracción que termina poniendo en conflicto sus deseos, sus afectos familiares y la manera en que comprende su propio cuerpo.


Skiff, dirigida por Cecilia Verheyden, se aproxima al descubrimiento de la identidad sexual y de género durante la adolescencia desde una experiencia especialmente compleja, la de enamorarse de una persona que forma parte del círculo afectivo más cercano. Para Malou, Nouria representa la posibilidad de iniciar una relación sentimental, pero también una amenaza para el vínculo con su hermano. No se trata únicamente de un amor que debe permanecer oculto, sino de una transformación que puede alterar las pocas certezas sobre las que ha construido su vida.



La directora utiliza el remo como uno de los elementos fundamentales de su propuesta. La competencia deportiva, las burlas y las relaciones entre compañeros evidencian las dificultades de quienes no responden a determinados modelos de feminidad.


Ese conflicto también aparece en su relación con Max. Malou utiliza su ropa, admira su estilo y quiere comprarse una motocicleta como la suya. Son gestos que pueden interpretarse como expresiones de admiración, pero que también forman parte de una búsqueda personal todavía indefinida. La película plantea así una cuestión interesante sobre la adolescencia y es que no siempre cuentan con las palabras necesarias para explicar lo que sienten y, sin embargo, eso no impide que sus decisiones estén condicionadas por esos sentimientos.


La aparición de Nouria introduce otra dimensión. El deseo no llega como una revelación capaz de resolver las dudas de Malou, sino que provoca nuevas contradicciones. Enamorarse de la novia de su hermano supone enfrentarse al miedo de perder su confianza y a la posibilidad de lastimar a una persona querida. En ese sentido, resulta importante que el conflicto no quede reducido al descubrimiento de una orientación sexual. También tiene que ver con la lealtad, las responsabilidades afectivas y la dificultad de actuar cuando nuestros deseos entran en contradicción con los vínculos que queremos conservar.




El riesgo de una propuesta de estas características está en convertir todas las experiencias de la protagonista en señales destinadas a explicar su identidad. La ropa, el deporte, la relación con el hermano o la incomodidad frente a sus compañeros pueden adquirir demasiada importancia si se interpretan únicamente como manifestaciones de una búsqueda de género. Porque Malou también es una adolescente que quiere ser reconocida, que se equivoca y que necesita encontrar espacios donde no tenga que justificarse permanentemente. Por eso es tan relevante la hermosa escena en la piscina artificial en el jardín, en el que a manera de remolino, los hermanos dan vueltas, generando una de las secuencias más hermosas visualmente de la película pero a su vez, la más relevante para entender a unos hermanos que se quieren independientemente de los géneros y sus tensiones. Es el juego que lo mantiene unidos.


En ese sentido, la aproximación visual de Verheyden, especialmente a través del agua y las secuencias deportivas, ofrece una oportunidad para comprender sus emociones más allá de las conversaciones. El cuerpo se convierte en un territorio de exploración, pero también en un lugar donde se manifiestan las presiones sociales que acompañan su crecimiento.


Skiff propone una historia de descubrimiento adolescente donde el amor no funciona como una solución a los problemas de identidad. Malou debe aprender a relacionarse con sus propios deseos sin que eso signifique renunciar a todos sus afectos anteriores. Lo más interesante de esta propuesta es reconocer que crecer no consiste necesariamente en descubrir quiénes son, como si existiera una identidad definitiva esperando a ser revelada, sino en encontrar las condiciones para experimentar con sus posibilidades sin que el miedo a decepcionar a los demás termine decidiendo por ellas, ellos y elles.



 
 
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