Actualizado: 22 oct

Anna tiene doce años y vive junto a su madre Isolde en un pequeño apartamento de Viena. Ambas mantienen una relación afectuosa y cercana, aunque las dificultades económicas condicionan buena parte de sus decisiones cotidianas. Isolde es una mujer sorda que ha criado sola a su hija, y con quien Anna comparte incluso la cama por falta de espacio. Pero cuando empieza a asistir a una nueva escuela, la adolescente descubre que sus compañeros pertenecen a familias con mayores recursos económicos y que algunas de las características de su vida, hasta entonces completamente normales, pueden convertirse en motivos de vergüenza.
If You Are Afraid You Put Your Heart into Your Mouth and Smile, primera película de la directora austríaca Marie Luise Lehner, explora las transformaciones de una relación maternofilial a partir del descubrimiento de las diferencias sociales. Anna no empieza a sentirse avergonzada porque su vida haya cambiado significativamente, sino porque el entorno escolar le ofrece nuevas categorías para interpretarla. De pronto, la ropa, la vivienda, el dinero y las características de su familia adquieren una importancia que antes no tenían.

Una de las situaciones que mejor permite reconocer este conflicto ocurre cuando Anna no puede participar en un viaje escolar para esquiar. El dinero que habría permitido costearlo termina utilizándose para comprar un sofá cama. Una decisión doméstica que busca mejorar las condiciones de convivencia y ofrecerles mayor intimidad, pero que también evidencia la distancia económica entre Anna y sus compañeros pero también una distancia entre Anna y su madre. Mientras para algunos adolescentes las actividades escolares forman parte de una experiencia compartida, para otros representan gastos que sus familias no pueden asumir.
Esta diferencia es importante porque la película no necesita construir grandes acontecimientos para explicar cómo operan las desigualdades sociales durante la adolescencia. Basta con mostrar las pequeñas situaciones donde el dinero determina quién puede participar, qué ropa puede utilizar y cuáles son las experiencias que quedan fuera de su alcance. La vergüenza aparece entonces como una consecuencia de esas comparaciones, no como una característica de la protagonista.
En paralelo, Anna comienza a cuestionar la relación con su madre. Isolde es una mujer independiente, con deseos y necesidades propias, cuya sordera forma parte de su identidad sin definir completamente su personalidad. Sin embargo, su hija empieza a percibirla a través de las expectativas de un entorno que establece modelos bastante limitados de familia. La incomodidad de Anna no responde necesariamente a un rechazo hacia su madre, sino a la necesidad de encontrar un lugar dentro de un grupo al que quiere pertenecer.
La aparición de Mara, una compañera de clase que también vive en una familia alejada de los modelos convencionales, permite introducir una alternativa a esa comparación permanente. Ambas encuentran en su amistad un espacio donde pueden compartir experiencias y cuestionar las expectativas que reciben. La solidaridad no aparece como una lección que los adultos les transmiten, sino como una práctica que van construyendo a partir del reconocimiento de sus diferencias.
Lehner también incorpora cuestiones relacionadas con el feminismo, las identidades de género y la diversidad familiar. El riesgo de reunir tantos asuntos en una sola película es que sus protagonistas terminen funcionando como representantes de determinados debates sociales. Sin embargo, la propuesta resulta especialmente sugerente cuando permite que las contradicciones de Anna permanezcan abiertas, sin exigirle que interprete correctamente todas las situaciones que enfrenta. Porque sentir vergüenza de nuestra familia no necesariamente significa quererla menos, del mismo modo que reconocer las desigualdades sociales no nos convierte automáticamente en personas capaces de enfrentarlas.
Hay una cuestión especialmente interesante en la manera de representar la discapacidad. La sordera de Isolde no convierte a la madre en una figura trágica ni a su hija en una adolescente obligada a sacrificar sus deseos para cuidarla. La relación entre ambas está construida desde el afecto, las necesidades compartidas y los inevitables desencuentros que surgen durante el crecimiento. En ese sentido, la película cuestiona también nuestra tendencia a interpretar las familias que se apartan de determinados modelos como espacios necesariamente problemáticos.
If You Are Afraid You Put Your Heart into Your Mouth and Smile es una película sobre la vergüenza aprendida y las posibilidades de desprendernos de ella. Su mayor acierto esté en reconocer que el problema de Anna no es que desee parecerse a sus compañeros. El problema radica en que el entorno le enseñó a considerar insuficiente la vida que comparte con su madre. Porque la autoestima no puede construirse únicamente a partir de la aceptación individual cuando las condiciones que producen esa vergüenza siguen estando presentes.





