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Actualizado: 3 sept 2021


Francisco Montaña es afable. Su amabilidad y sencillez conectan con el nivel de reflexión contenido en cada una de sus obras. Sus libros no son espacios únicos de entretenimiento, son piezas de gran estilismo. Sus historias, contadas al ritmo de un director de cine, con la exactitud del detalle preciso, abordan temas complejos que van desde la pobreza hasta el amor. Bogotano, formado en filología e idiomas en la Universidad Nacional de Colombia y en cine en la Escuela de cine de Moscú, ha ejercido labores en el área de la promoción cultural y como profesor de cine y estética. En hermandad con el oficio de la escritura, ha publicado numerosas obras reconocidas en el área de la literatura para niños y jóvenes en Latinoamérica. Títulos como Manzanas o pomas (1982), El adulto y el sastre (1997), Cuentos de Susana (2005), Los tucanes no hablan (2006), El cocodrilo amarillo en el pantano verde (2007), Las primas del primíparo Juan (2008), sirvieron de lobby para la publicación de No comas renacuajos, su libro más reconocido en la actualidad. Esta obra publicada por la editorial Babel en 2009, fue incluida junto a otros 249 títulos, en la lista White Raven 2010, selección que hace la Internationale Jugendbibliothek München (Biblioteca Internacional de la Juventud de Munich). Posteriormente su arte sigue resaltando por libros como El amor por las tinieblas (2010), La muda (2011), Historia de amor verdadero entre una rana y un cucarrón (2013). La incomodidad en algunos de sus temas se reconcilia con la ternura y la tenacidad de la sólida estructura de sus novelas. Revisar a Montaña es identificarse con la realidad vista desde una butaca de cine. No solo logra soldar palabras, también consolida su estructura.

¿Qué tanto influye su formación de cineasta en la creación literaria?

Muchísimo. De hecho creo que llegué a escribir narrativa debido al entrenamiento en la escritura para cine. Tal como lo aprendí en la Escuela de Cine de Moscú —el VGIK—, en el guión literario se expresa la novela pero exclusivamente a través de las acciones de sus personajes. Esto está relacionado también con ciertas ideas de composición narrativa de las escenas y de los diálogos que creo que han pasado a mis novelas. De todas formas yo escribo las historias tal como me gusta a mí recibirlas. Hay escenas que debo escribir muchas veces buscando el ritmo, el lugar de entrada del lector, la intensidad con que debe ser recibido en ese mundo. Además, en el cine se discute mucho el problema del realismo. Esa noción que tiene que ver con el arte burgués e industrial me ha interesado mucho, tanto en la creación como en la reflexión teórica. En relación con las novelas creo que he tenido una evolución. Al principio pretendía ser muy realista. Ahora me parece que cada vez soy más honesto acerca de que el punto de vista que aparece es el mío y en consecuencia es una perspectiva sobre el mundo, o por lo menos eso creo, o eso me imagino.

No comas renacuajos representa una oscura realidad de la infancia latinoamericana. Como autor, ¿qué siente al saber que su obra es reconocida por un tema tan árido? ¿Cómo accedió a la historia real por la que se inspiró en este libro?

Es verdad que es una realidad oscura la que aparece en ese libro. Pero también es cierto que hay una de las más bellas historias de amor que he escrito. Y el amor es luz, ¿no? Es que me parece que en ese libro, que ha tenido tan buena acogida, hay un mundo muy vivo. Y me pasa que después de intentar no mirar las cosas que no me gustaban de la vida, pues estas terminaron imponiéndose, como si reclamaran su espacio, como si dijeran, mira acá estoy, soy horrible, soy lo peor, lo que nadie quiere ver. Y la verdad es que sí, que a pesar de todo existe ese mundo, esa realidad que todo el tiempo brota frente a nuestros ojos. Y a mí me ocurrió de una manera impresionante. En medio de una celebración fantástica para los escritores y los lectores que fue la nominación de Bogotá como ciudad capital del libro, fui invitado a muchos colegios públicos de la ciudad. Pudieron ser cerca de veinte colegios. Eran jornadas enormes y muy emotivas. En esas instituciones recibí lecturas de mis libros profundas y cuidadosas, muy valiosas. Habían visto cosas en las que yo no había pensado jamás, pero que efectivamente estaban como constantes en los libros, por ejemplo, la configuración familiar de mis personajes. En una de esas escuelas vi, como cuento en el libro, a un niño con el pelo aindiado que me miraba con una intensidad tremenda, con rabia creo. Cuando me decidí a devolverle la mirada un poco incómodo por lo que me hacía sentir, me di cuenta de que me apuntaba con una mano a modo de pistola y me disparaba varias veces. Era evidente que él quería que yo me muriera. De modo que le hice caso y fingí morirme, tal como uno juega a morirse. Cuando logró su cometido se fue. Le pregunté a mi acompañante, una profesora de ese plantel, por el niño. Me respondió contándome la historia más horrible que hubiera escuchado en mucho tiempo. Esa historia, que hubiera preferido no oír, se adueñó de mí. Usaba todos los recursos narrativos que había en mi cabeza para mostrarse cada vez como una posible novela. No me abandonaba. Cada vez que le permitía aflorar a mi conciencia se presentaba más y más interesante. Y un día decidí dejarla fluir y materializarse en palabras sobre papel. Fue la experiencia de escritura más extraña que haya tenido en mi vida. Dolorosa, terrible, intensa. Tal vez el primer borrador no duré más de quince días escribiéndolo. Claro, llevaba casi un año reprimiéndola, de modo que salió muy rápido y fácil. Sentí, como había leído que le ocurría a ciertos escritores, que me la dictaban. De ahí supongo que viene la intensidad de ese libro, su destino tan maravilloso.

¿En qué se diferencia la literatura para niños latinoamericana de la europea o anglosajona?

Tengo que confesar que no soy un experto. Yo leo literatura. Mucho menos literatura publicada para niños y jóvenes que simple literatura. Leo a mis amigos, claro. Leo algunos premios. Leo escritores extraños. En general me parece que no todo el mundo se toma en serio el asunto de la literatura para jóvenes y niños. Pero, en fin, eso es otro asunto.

¿Sus libros son escritos pensando en un lector infantil implícito? ¿Cómo es el proceso creativo?

Creo que lo que ocurre es que me interesa la infancia como noción. Me interesa la mirada de los niños y me interesan las cosas que supongo que a ellos les interesan. De modo que, desde un cierto punto de vista, sí tengo ese joven-niño como lector implícito. Pero no siempre. Eso me ha ocurrido en pocos casos. En general lo que sucede es que hay algo, un sueño, un recuerdo, una historia que oigo, una idea que aparece de repente, que me lanza a intentar encontrar una forma narrativa en la cual esa semilla se sienta bien, navegue e irradie todo el encanto poético con el que me conquistó a mí. Entonces lo que sigue es el trabajo consciente e intuitivo de ir construyéndole el mundo a esa imagen, a esa palabra, a esa escena para que viva en todo su esplendor. Y en efecto, en casi todos mis libros, tengo muy claro cuál es esa idea germinal.

La aridez de algunos de sus temas apuestan a un lector mucho mayor. ¿Cómo es la mirada del adolescente para las colecciones infantiles colombianas?

Esa es un pregunta difícil. Primero porque yo no diría que mis temas son áridos. Al contrario, creo que tienen una intensidad enorme, un poder de convocatoria emocional tremendo, de manera que tal vez sean duros, tal vez estén alejados de eso que se ha establecido como lo apropiado para la infancia, pero no creo que sean áridos. El asunto tiene que ver con la noción de infancia que hay en la cultura. Y creo que un marcador de la cultura es precisamente esa misma noción. A través de ella podemos ver, leer a esa cultura. Algunos de mis libros más fuertes Los tucanes no hablan, por ejemplo, han sido leído con mucho placer e interés por niños de 8 y 9 años. En fin, creo que el asunto de los libros y las edades es muy complejo y muy difícil de determinar completamente. Yo he creído desde siempre, tal vez porque viví en una ciudad como Bogotá, en unas condiciones de violencia alucinantes, estatal y no estatal, que el mundo es duro y bello tanto para los niños como para los adultos. Y yo creo que si en algo el arte puede contribuir a la vida es precisamente ofreciéndole a la gente maneras de entender eso tan difuso y complejo que llamamos lo real. El arte puede darle complejidad a la mirada sobre asuntos nimios, puede cuestionar lo establecido, puede romper los límites de la cultura. En ese sentido, mis libros posiblemente hayan contribuido en la configuración de un adolescente que vive en un mundo muy material en el que hay pobreza y riqueza, hay desigualdad, hay amor y abandono, en fin, como en cualquier ciudad del continente. En cuanto a las editoriales, sólo puedo decir que agradezco que sigan confiando en lo que escribo y le sigan permitiendo a muchos jóvenes leerlo.

¿Alguna vez se ha desahogado con un tucán? ¿Le ha respondido?

Je je je je. No, son unos pájaros bellos. Muy vanidosos. Exhiben su gran pico con mucho orgullo. A ellos llegué porque en Tical, la ciudad maya en Guatemala, estaban en cada rincón de ese sitio mágico y conmovedor.

¿Cómo fue el proceso de creación de La muda? ¿Usted elaboró un guión? ¿Daniel Rabanal ilustraba respetando sus espacios en blanco o escribían e ilustraban a cuatro manos?

Fue bien divertido. Cuando la editora leyó el original yo me arrepentí de publicarlo. Yo tenía y tengo ganas de hacer una novela gráfica y pensé que esa podía ser la historia. Le dije a la editora que la convirtiéramos en una novela gráfica. Ella tuvo el enorme acierto de impedírmelo. Pero me propuso que hiciéramos un libro no con ilustraciones sino con cómic. Entonces me pidió que escribiera el guión de la historieta para que Daniel lo dibujara. Tuve la suerte enorme de tener mi primera experiencia como guionista de cómic con alguien como Rabanal, que tiene toda la cancha y el talento del mundo. Muchas de mis solicitudes fueron desechadas por imposibles. Fue muy interesante. Aprendí mucho y creo que es uno de los libros mejor editados que tengo.

¿Cómo fue su acercamiento a la escritura? ¿Eras un gran lector o el cine se encargó de todo?

Empecé leyendo, claro. Aunque al principio veía más cine. Pero pronto las novelas se apoderaron de mí. Pero lo primero que escribí fue poesía. Mucha poesía. Después fueron los guiones, después novela negra y luego la primera novela juvenil, Bajo el cerezo. Hoy día leo novelas y veo cine con casi igual intensidad y cuando siento que no alcanza la vida para ver y leer todo lo que quiero, cierro los ojos un rato y después me quedo mirando las montañas, en ellas está la razón de todo, y entonces me calmo.

No teme hablar de Colombia como un territorio peligroso, sin embargo mucho del panorama actual evidencia a una Colombia mucho más estable y sólida para sus habitantes. ¿Cómo ve el encuentro del joven y el niño con este espacio? ¿Existe tal apropiación de las ciudades?

La Colombia que yo vivo es peligrosa. No hay forma de que no lo sea. Es el tercer país en la tabla de desigualdad social del mundo, si no estoy mal. Entonces, es un lugar donde alguien que tiene un teléfono es un rico para alguien que no tiene como comer: la ecuación es evidente. Nuestra sociedad ha aceptado cosas increíbles, por ejemplo, que nos diferenciemos socialmente en estratos, un eufemismo para eludir la noción de clase social a la que tanto miedo le tenemos. Y yo creo que le tememos porque si algo es claro en la sociedad colombiana es el clasismo, la discriminación de clase. Eso hace que vivamos en una sociedad muy heterogénea, moderna, industrial y cosmopolita, y al tiempo feudal, violenta y machista. Mientras las ciudades principales, tres o cuatro, son muy parecidas en ciertas cosas a ciudades de otros países, el campo sigue siendo un lugar del que se saca la riqueza pero al que no se mira de frente ni con orgullo. Creo que son pocos los niños en Bogotá que pueden salir solos a la calle. La iniciación de cualquier adolescente en esta ciudad es un atraco, una requisa por parte de la policía, cuando no una detención. No hace tanto un policía asesinó a un joven estudiante por hacer un graffiti en un pared de un puente. Trataron de encubrirlo todo diciendo que el muchacho estaba armado, que era un delincuente. Mentiras tras mentiras. Y al que organizó la gran mentira lo condecoraron. Sin embargo, parece que no lograron salirse con la suya y van a tener que responder por ese crimen. Esa es la Bogotá que viven muchos de los jóvenes que la habitan. Claro, también hay centros comerciales muy buenos y restaurantes estupendos. Y sobre todo, cada vez que todo va mal uno puede cerrar los ojos y abrirlos para mirar las montañas… Yo lo veo así.

¿Cómo se lleva con los libros digitales? ¿Está dentro de su panorama futuro publicar alguna aplicación? ¿Considera que Latinoamérica realmente está lista para estas nuevas tecnologías?

Realmente no creo que estemos listos. Tiene que ver con esa condición de la desigualdad tan tremenda. Porque mientras en unas partes del país se vive como en Manhattan, en otras se vive a años de distancia en términos de ese desarrollo. Y para mí, tampoco es urgente ese desarrollo. Todo el asunto ese tiene que ver con abrir nuevos mercados de consumo; entiendo que el libro como artefacto también lo fue; nuevas maneras de producir mercancías. Es decir, a mí no me afana avanzar en eso cuando a veces el sesenta por ciento de mis libros se leen en ediciones piratas, cuando a veces en fotocopias. Otra cosa es reconocer que se trata de una posibilidad deliciosa de creación. Un libro en el que se combine el sonido, la imagen en movimiento y el texto, es una posibilidad creativa maravillosa. Pero por ahora no he pensado en hacer nada en ese sentido.

Mucho se comenta de lo entrañables que son los personajes de su más reciente libro Historia de un amor verdadero entre una rana y un cucarrón, ¿qué difícil es evitar que encasillen a un autor en una sola novela o un género específico? ¿es un problema de promoción editorial, de los promotores de lectura o de los lectores?, ¿cómo ha sido la respuesta lectora de los niños con este libro?

La rana y el cucarrón son entrañables, divertidos, absurdos. Este libro es un juego. Fue muy divertido escribirlo. Fue una solicitud de mi hija Violeta, que necesitaba hacer algo en su curso sobre las ranas y Egipto. Y entonces, me pidió que escribiera un cuento. Estuve paralizado como seis meses sin poder hacer nada al respecto. Pero en unas vacaciones encontré la historia y me encantó. A ella también y creo que logró su cometido en el curso. Tal vez la pregunta se refiere a que Los renacuajos sea el libro que más reconocimiento me ha dado. Es extraño, pero es así. Seguro que eso tiene que ver con lo que somos nosotros los colombianos, supongo. Yo la verdad siento que todo el tiempo estoy tratando de ponerme retos nuevos. Hay retos que dan para dos o tres libros, de modo que se podrían agrupar por retos. Por ejemplo, Bajo el cerezo, Las primas del primíparo Juan y Cuentos de Susana; Los tucanes no hablan, No comas renacuajos y La muda, El cocodrilo amarillo e Historia de amor verdadero entre una rana y un cucarrón; y El amor por las tinieblas y El gato y la madeja perdida. Es posible que en quince días lo entienda de una manera distinta. De modo que aunque siento una continuidad obvia entre todos ellos, también puedo ver cómo en cada uno he tratado de expandir alguno de los límites. De modo que si me encasillan, no lo sé, supongo que será cuestión de que haya crítica más profunda y cuidadosa, como la que hacen ustedes. De cualquier manera la rana y el cucarrón son seres que merecen una visita.

¿Es difícil atrapar a un público lector infantil o juvenil? ¿Alguna anécdota importante con los lectores?

Creo que de lo que se trata es de escribir libros intensos. Hay escritores que hacen cinco y hasta diez libros por año. Yo no podría. Para mí cada libro es un proyecto complejo que lleva mucho tiempo cocinándose.

¿Novedades a futuro? ¿Próximos libros o proyectos?

Acaba de salir una novela en Alfaguara El gato y la madeja perdida, que creo, por ahora, que hace parte de un grupo de tres novelas en las que me sumerjo en la historia reciente del país desde varias perspectivas. La siguiente será Madre Revolution y después vendrá Un sol indiferente. También estoy trabajando en mi segunda novela para adultos, después de La ficción del monje, que se llama provisionalmente Sombra de refugio. Ya veremos cómo va siendo todo porque me parece que son proyectos para unos seis años por lo menos.

Conversaciones minúsculas


¿Una palabra?

Luz.

¿Un libro que marcó tu adolescencia?

La montaña mágica.

¿Un guión de cine?

Solaris.

¿Una leyenda urbana?

Goyeneche, un loco que quería ponerle marquesina a Bogotá y pavimentar el río Magdalena, claro, si llegaba a la presidencia.

Si Colombia fuera una obra de arte, ¿cuál sería?

Esto no es una pipa de Magritte

¿La mejor hora para escribir?

La madrugada y hasta las once de la mañana.

¿Un animal en el que metamorfosearse?

Un gato.

¿La secuencia de una película?

La carrera de Antoine Doinel hacia el mar huyendo del reformatorio.

¿Un personaje histórico?

Dos: Francisco José de Caldas y Emma Reyes.

¿Top cinco de películas que deben verse en la adolescencia?

Horas extras, Robert Altman; Stalker, Andrey Tarkovsky; Macunaima, Joaquim Pedro de Andrade; El ángel exterminador, Luis Buñuel; Apocalipsis now, Francis Ford Coppola, por lo menos y todas las demás que estén disponibles.

***Imágenes usadas en esta entrevista: 1. Detalle de fotografía del autor en la página de Fundalectura. 2. Detalle de portada del libro No comas renacuajos, ilustrado por Álvaro Sánchez y editado por Babel. 3. Detalle de portada del libro La muda ilustrado por Daniel Rabanal y editado por Random House Mondadori.


 
 

Actualizado: 3 sept 2021


Actualmente, en estos espacios de crisis económica, el mercado editorial en España reflexiona constantemente sobre varios aspectos que conducen su trabajo: la calidad, el negocio, el libro digital, los blogueros, la promoción de la lectura. Pablo Cruz, editor de Anaya infantil y juvenil, comparte no solo su punto de vista sobre estos temas sino también su acercamiento personal al mundo del libro.

¿Editar actualmente, junto a la crisis, es un campo árido en España?

Editar hoy en día es complicado debido a las dificultades económicas y a los problemas propios del sector del libro, que no son de ahora, sino que vienen gestándose desde hace mucho tiempo. Las editoriales son empresas y por tanto buscan la rentabilidad, pero al mismo tiempo producen cultura, y es necesario combinar ambas facetas de la mejor manera posible. El descenso en las ventas, el descenso de tiradas y márgenes, y la demagogia que se viene haciendo últimamente contra las industrias culturales, no hacen sino perjudicar la viabilidad de muchos proyectos editoriales, ya sean grandes o pequeños. Hay gente interesada en transmitir la idea de que las editoriales no aportamos valor, sino que nos aprovechamos de los creadores. Lo que no se cuenta es la cantidad de medios y conocimientos que invertimos en transmitir y difundir cultura, trabajando junto a los creadores. Obviamente, como decía antes, las editoriales buscan su rentabilidad, su supervivencia, pero si alguien tuviera como objetivo hacerse rico, no fundaría una editorial. Cualquiera que tenga una o trabaje en ella sabe que es un oficio sacrificado. Requiere de vocación y de otras aspiraciones, que no son las económicas.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de ser una editorial con una gran maquinaria de producción frente a editoriales más pequeñas como A buen paso, Bárbara Fiore o El jinete azul, por dar algunos ejemplos?

La ventaja es que una editorial grande cuenta con mejor capacidad de producción, distribución y promoción. La desventaja, por este mismo motivo, es que las decisiones editoriales son más complejas ya que involucran muchos más factores y personas que en una pequeña editorial. A otro nivel, las ventajas y desventajas son similares a las que pueden existir entre trabajar en una empresa familiar y una multinacional.

¿Cómo coinciden el buen comerciante y el buen editor?

Creo que ambas cosas son compatibles y, aun más, deseables. Un buen editor es el que consigue encontrar un autor de talento y conseguir llevar sus libros al mayor número de lectores. Si bien es cierto que algunos libros que hoy consideramos clásicos pasaron en su momento sin pena ni gloria por las mesas de novedades, lo normal es que los buenos títulos y autores acaben triunfando frente a otros fenómenos más pegados a las modas o a la actualidad. La calidad, tarde o temprano, se acaba imponiendo.

¿Actualmente el libro digital dirige las exigencias del mercado en Europa?

El problema del libro digital es que en estos momentos vive gracias al libro impreso, al menos en España. Poco a poco las ventas digitales van aumentando, pero no lo suficiente como para permitir su supervivencia de manera independiente. Es cierto que las editoriales nos hemos puesto las pilas, lanzando nuestras novedades y fondo en formato digital, pero los resultados de esta inversión (que a pesar de lo que se pueda pensar, es considerable, en tecnología y personas) se verán a medio plazo. Nuestra labor, además de digitalizar nuestros fondos, es explorar todas las posibilidades técnicas, y aplicar los mismos criterios de excelencia que utilizamos con los libros impresos (diseño, maquetación, edición…). Hay que estar preparados para el momento en el que el mercado del libro madure, y los lectores se acostumbren a pagar por contenido digital igual que pagan por contenidos en papel.

¿Existen razones por las que el mercado infantil y juvenil en España publique tan pocas novedades latinoamericanas?

Yo no creo que sean tan pocas. En el mercado Español encontramos a grandes escritores latinoamericanos y a ilustradores de primera fila. Si mencionara algunos, los otros se iban a sentir ofendidos, pero creo que todo el mundo sabe en qué nombres estoy pensando. En el sector de la literatura juvenil, por ejemplo, reconozco que las editoriales se inclinan más por autores anglosajones, pero en infantil hay una mayor variedad, y más aún si nos acercamos al álbum ilustrado donde el cruce de culturas es muy enriquecedor. Sin ir más lejos, los últimos ganadores del premio de Compostela fueron dos mexicanos con un estupendo álbum: Bandada. Y una poeta chilena, María José Ferrada, fue la ganadora del premio Ciudad de Orihuela también el pasado año. Por mencionar dos ejemplos.

Desde hace años, los blogueros lectores en España han tenido una importante presencia a la hora de la crítica de los libros para jóvenes, ¿un editor atiende a estas críticas?, ¿de qué manera?

Sí, la actividad de los jóvenes lectores en internet se ha multiplicado durante estos años. Para el editor es muy interesante conocer de primera mano los análisis y opiniones de lectores de esas edades, algo que hasta la explosión de la web social era de acceso más limitado. Pero no hay que olvidar que también hay blogueros adultos, en muchos casos bibliotecarios, docentes y especialistas, que hacen un gran trabajo de difusión, sobre todo de libros infantiles ilustrados. Internet sin duda ha facilitado la visibilidad de libros y editoriales sin depender exclusivamente de la promoción en prensa y puntos de venta. Pero es importante también establecer criterios de calidad, que haya buenos “curadores” de contenidos y así podamos distinguir a aquellas personas que aportan valor mediante sus reflexiones y análisis. La opinión de todo el mundo no es igual de valiosa, por muy respetable que sea.

¿Cómo fue tu acercamiento a la lectura?

Tuve la suerte de crecer en un hogar donde se leía, y donde tenía a mi disposición muchos libros infantiles, y también de adultos. Desde pequeño aprendí que la lectura era una actividad placentera, equivalente a los juegos o a la televisión, y me pasaba tardes enteras devorando libros. Las primeras lecturas que recuerdo son los Los Cinco de Enid Blyton, El pequeño Nicolás, todo lo de Roald Dahl, los relatos de Fernando Alonso, David McKee, Christine Nöstlinger, Michael Ende… Y por supuesto, los cómics de Astérix, Tintín… Eran los primeros años ochenta y, afortunadamente, pude disfrutar de grandes colecciones de literatura infantil como las de Alfaguara, Altea Benjamín, Austral Infantil o Noguer. Para mí, el trabajo que realizaron los editores de estos sellos, en esa época, es un modelo a seguir.

¿Qué formas de promoción de lectura consideras acertadas en la actualidad de cara a las nuevas generaciones?

Considero que la mejor forma de acercar la lectura a los jóvenes es a través de mediadores que sepan darles el libro adecuado, y poco a poco ir abriendo su horizonte de lecturas. No hay niños a los que no les gusten los libros, simplemente no han tenido la suerte de que alguien se preocupe de formarles en su hábito lector. Sin imposiciones, claro está. Con eso no se consigue nada. Un niño puede pasar de leer los libros de Teo a disfrutar con Juan Farias, pero entre medias hay un trabajo permanente de padres y educadores.

¿Los libros para niños y jóvenes deben educar?

Cualquier libro, ya sea para niños o para adultos, educa de una manera u otra. Todo texto tiene un mensaje detrás, una intención o simplemente nos muestra algo que desconocíamos. No hace falta que el autor se plantee transmitir de manera expresa ciertos valores, de hecho muchas veces es perjudicial para el propio libro, porque se tiende a simplificar, a transmitir mensajes evidentes o manipulados, y a no dejar que el lector aporte su propia reflexión.

¿Existe la literatura infantil y juvenil o es una excusa editorial?

Decía Tournier que hay autores “que escriben tan bien que los niños pueden leerlos”. En realidad, los buenos libros infantiles los disfruta de igual modo un adulto, un joven o un niño. Obviamente, y por cuestiones de vocabulario o temáticas, hay ciertos libros que a un niño le aburrirían, igual que ocurre con una película. Considero que sí existe la literatura infantil y juvenil, y que en ella se pueden enmarcar libros que por sus características resultan apropiados para los lean no solo los adultos.

¿Cómo te imaginas la muerte del libro en la historia?, ¿es posible?

No creo que el libro llegue a morir nunca, lo que puede que cambien sean los formatos o las maneras de acceder al libro. Contar historias es algo esencial al ser humano y se ha venido haciendo desde hace miles de años.

¿Cómo sería el libro ideal para ti?

He leído algunos libros ideales a lo largo de mi vida. Una de las cualidades que tiene que tener un libro, según mi criterio personal, es la capacidad de sorprender, de ofrecer una visión original o interesante sobre el mundo. Y creo que uno de los elementos con los que mejor se consigue este propósito es el humor.

Biografía

Pablo Cruz nació en Jaén en 1976. A principios de los años 90 se incorporó como redactor a la revista de literatura infantil Babar, que coordina desde su paso a soporte digital, en el año 2000. Después de colaborar como lector y redactor para varias editoriales, en 2001 se incorporó como editor de literatura infantil a la editorial Anaya.

***Imágenes usadas en esta entrevista: 1. Fotografía cortesía de Pablo Cruz. 2. Logo de la editorial Anaya, colección infantil y juvenil. 3. Portada del libro Los caminos de la luna, escrito por Juan Farias e ilustrado por Alicia Cañas Cortazar, editado por la colección Sopa de libros de Anaya infantil y juvenil.


 
 

Actualizado: 3 sept 2021


A sus casi 70 años Francisco Massiani es una leyenda viviente. Cuentista, amante de la novela corta, poeta esporádico, pero por sobre todas las cosas: artista. Histriónico al hablar, todo lo narra, todo lo describe. Si bien reconoce que la Caracas presente en sus relatos ha cambiado, sabe que su discurso atropellado, casi onomatopéyico, es aún fuente de inspiración para nuevos escritores. Su novela Piedra de mar y relatos como Un regalo para Julia han sido, hasta la actualidad, de referencia obligada para los jóvenes venezolanos.

Massiani es claro: “Me haces la entrevista hoy, si no, no vengas. Eso sí trae una botellita de vino”. El “Rancho Dallas” es un lugar distinto a los de su género. Los abuelos gozan de ciertas libertades. El escritor reposa en su cama, quedan algunos restos de pasta del almuerzo en una mesa de apoyo, repleta de libros y dos vasos.

Impaciente por el cuestionario, se rasca la cabeza mientras enciende el primer cigarrillo de muchos con un yesquero gigantesco. Apaga con un control el potente equipo de sonido que reproduce lo mejor de Serenata Guayanesa. Ahora solo se escuchan las guacharacas caraqueñas del atardecer, los primeros grillos sobre el verdor del patio y en la cocina ya casi están listos para servir la merienda. “¡Pregunta pues!”.

Si le tocara hacer una retrospectiva… ¿Boulevard de Sabana Grande o Boulevard de Saint-Michel?

Una pregunta interesante. Yo fui a París becado por el Inciba (Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes) que después se transformó en el Conac. Aquí en Caracas trabajaba en la Revista Imagen. El director era nada menos que Guillermo Sucre, el poeta. Trabajaba haciendo reseñas de las exposiciones de pintura. Guillermo me preguntó un día si quería quedarme en Imagen o irme a París.

Si me quedaba en la revista me iban a aumentar el sueldo; yo ganaba lo mismo que el ascensorista en aquella época, que igual era mucho dinero. Con lo que ganaba podía ir a un restaurancito, almorzaba espaguetis con albóndiga, me tomaba una cerveza y de paso compraba una cajetilla de (cigarros) Lido, por siete bolívares. ¡Era increíble!

Le dije que si. Y me fui a París con lo que ganaba aquí. Escribí Fiesta de Campoal volver, y después todas estas novelas anteriores a Piedra de Mar, a los 21 años de edad. Nosotros los venezolanos, íbamos mucho, pero no al Boulevard de Saint Michel, que estaba muy cerca, íbamos era al Boulevard Saint Germain. Al Café D’Anton, al Monaco, al Café Mondaine convergían varias calles que conformaban un espacio interior, solíamos reunirnos allí Carlos Hernández “El Indio” Guerra, Ramón Lameda con su grupo de teatro “La Misère”, Jean Michel Fossey, periodista francés, y José María Nunes, un gran director de cine, ya fallecido, que se adelantó a la nueva ola francesa, con una extraordinaria película: Noche de vino tinto.

La Caracas de los años 60, 70 y hasta la de los 80 era deliciosa, no sólo en Sabana Grande sino en toda la ciudad. Podías caminar de Plaza Venezuela a Chacaíto, sin miedo, y podías detenerte a tomar una cerveza, parar en la (librería) Suma, el Chicken Bar, Il Vechio Mulino, en donde Caupulicán Ovalles hacia un discurso porque él era presidente de “La República del Este”. ¡Sigue preguntando!

¿A qué edad le dieron la primera máquina de escribir? ¿Qué marca era?

No era mía, era de mi padre, me la cedió. Era una maquinita Underwood. Me la llevé a París. Me la llevé al Hotel Vetel en donde vivía, un hotelito modesto, limpiecito. Estaba pasando mucho trabajo y un amigo me dijo que la dejara con un prestamista a cambio de unos francos. Pasé dos días comiendo, pero perdí la máquina. Piedra de mar la escribí con esa máquina aquí en Caracas. Un regalo para Julia la escribí en una Olympia. ¿Tú no vas a tomar vino chico, debes estar sediento?

¿Cómo se escribe mejor con el estómago lleno o vacío?

Con el estómago vacío no se puede escribir, ni hacer nada, te sientes muy débil. Pero si no tienes comida, escribes igual. Se escribe mejor bien alimentado, pero sobretodo, muy enamorado, aunque despechado también.

¿Qué se siente haber ganado el premio nacional de literatura?

Me tomó de sorpresa, a mí me habían hablado del premio mucho antes. Escritores como Carlos Noguera me habían dicho (hace unos años) que yo iba a ser el premio nacional. Mentira. No me dieron ningún premio, pero me lo dieron ahora. Así que me tomó por sorpresa, una grata sorpresa.

Entre otras cosas porque no te olvides que yo soy un hombre de pocos recursos económicos y este premio me ayuda. No solamente por los treinta mil bolívares que es bastante para mí, sino por el subsidio. Es un gran premio y estoy muy contento por eso.

Pancho el artista

Con sus ángeles y demonios, en sus alegrías y vaguedades, el escritor se reconoce como alguien sumamente sensible ante la belleza, ante las palabras bien colocadas y por sobre todo ante el afecto de sus amigos. No tiene muchos ejemplares de sus libros para regalar, pero no concibe que alguien lo visite sin llevarse algo a cambio. Es por ello que cuando se siente inspirado saca las tizas y en un block de cartulina esboza mujeres, las musas, sus sirenas. El cabello y la fecha se mezclan con su firma: “Massiani”.

¿Qué influencia tiene la música en su obra? ¿Qué escucha?

Soy melómano, yo me despierto y pongo música. Mira yo puedo dejar de escribir, de pintar, de leer, aunque me es difícil, pero no puedo dejar de escuchar música. Ahorita estaba oyendo Serenata Guayanesa. Me gusta la música criolla venezolana, un Pajarillo, magnífico, un joropo bien recio, un tamunangue o un polo margariteño y por supuesto la académica. A mi juicio los músicos más grandes… Bach, Vivaldi, Beethoven, Brahms, Stravinski…

¿Y en cuanto a los escritores? ¿Cuáles influyeron en su adolescencia?

De los nuestros, me gustó mucho una novela que leí a los 17 años: Casas Muertas de Miguel Otero Silva, corta pero bellísima. De Guillermo Meneses La Balandra Isabel llegó esta tarde. Después le hicieron una película que ganó premio en Cannes ¿sabías eso? Mi padre fue un gran escritor, cronista, y él me prestó El Legado del Alquimista de Julio Verne, los de Ernesto Hemingway, Horacio Quiroga, Cortázar, Rulfo, García Márquez. También Carlos Fuentes del “boom literario”, una expresión que no me gusta mucho. Me gustaría poder decirle la “explosión de una nueva narrativa”, ya está.

¿Con cuál movimiento de la pintura se siente identificado?

El impresionismo, Renoir, Degas, Lautrec, Cézanne. De los recientes, el cinetismo que es maravilloso porque Soto es maravilloso, porque Vasarelly es maravilloso. Ahora, te digo que es interesante por las personas. La pintura sigue siendo pintura. A mí no me gusta mucho el señor Cruz-Diez, lo siento mucho. Gran artista no hay duda, pero él le dijo a una muchacha en París (ella me lo contó, yo no estaba allí). Él le dijo: “déjate de estar pintando, que la pintura de caballete murió”. Y eso es mentira. Tú agarras un caballete y pintas una naturaleza muerta (que no debería llamarse así) y es tan válido como un Cruz-Diez, siempre y cuando sea bueno.

Si tuviera que plasmar su obra literaria en un cuadro.

Pregunta bastante difícil. Yo estoy profundamente influenciado por Henri Matisse, así que mi obra sería una combinación de él con Goya, Velásquez y el más grande venezolano después de Michelena… Reverón.

¿Con cuál recurso literario no podría vivir?

(Silencio. Breve pausa) Las palabras, todo son las palabras. No podría vivir sin las palabras. Gracias a ellas podemos hacer literatura. ¿Qué sería de la vida sin la poesía y sin la música?

¿Qué recomendación le da a los que quieren ser escritores?

A los de ahorita y a los de después. Viajar mucho, así sea en autobús, a dedo… leer mucho y estar permanentemente enamorado. ¡El amor es lo único que vale la pena chico! en esta vaina, en esta vida.

Dios es amor. Lo otro ¿Qué haríamos nosotros sin pensar en una mujer antes de irnos a dormir? A pesar de que no nos hagan caso, no importa. Una Mónica Bellucci, una Kim Bassinger o ¡Maria Conchita Alonso, vale!

Dicen que las francesas prefieren un buen bistec antes que hacer el amor… una sinvergüenzura que dijo un gringo, pero yo no sé si es verdad (risas).

¿Si Corcho hubiera nacido en este momento, seguiría siendo el mismo?

Si naciera ahorita sería el mismo personaje, pese a todo el cambio que ha sufrido la ciudad. El interior de las personas es el mismo a pesar de que la música cambie, la moda. Seguiría siendo un tipo tímido con grandes dificultades para comunicarse con las mujeres. Aunque hoy anden en moto y aparenten que nada les importa un pito, probablemente atraviesan lo mismo que Corcho.

¿Conoce la obra Blue Label/Etiqueta Azul de Eduardo Sánchez Rugeles?

La tuve en mis manos, pero no tuve la oportunidad de leerla y he escuchado buenas críticas. Me han dicho que tiene cosas de Piedra de Mar, a pesar de que es muy reciente. Me encantaría leerla. Ya no hay crítica literaria en el país, muy escasa, antes llovían artículos en El Nacional, El Universal. Mucha crítica ha migrado al internet

¿Cómo se la lleva usted con esa plataforma?

Yo lo detesto. Nunca he tenido internet. Tuve una computadora en mi casa en La Florida, la usé un día y no me gustó. A mí me gusta mi máquina de escribir, vieja.

¿Todavía ladra?

¿Quién te dijo eso? Mi padre ladraba, imitaba a un perro perfecto. Pero cuando a mí me dieron el Premio Nacional de Cultura por Florencio y los pajaritos de Angelina, su mujer; me llamó Armando Rojas Guardia y estaba tan feliz que empecé a ladrar con Corso (mi perro) y él ladraba conmigo de felicidad. No tenía ni una gotica de whisky, ni de vino, ni de cerveza para celebrar. Después llamé y vinieron mis amigos con “caña”, como dicen aquí

¿Cree en la reencarnación?

Más que en la reencarnación creo que el hombre no muere, nunca. El hombre es eterno, hablando en serio. Mientras exista el entusiasmo, el apetito de vida y el amor, el hombre es eterno.

Conversaciones minúsculas

Una palabra

¿Una o tres? La cosa es fascista si es solo una palabra, solo falta un gordo con una bayoneta… Esperanza, primavera, mujeres y buenos días, puedo seguir… Las mujeres son… Maravillosas, no se puede vivir sin ellas.

¿Caracas o París?

París tiene su encanto, Caracas pese a lo peligrosa, es encantadora también. ¡Dígame este clima!

¿Qué es la juventud?

Un potro salvaje que busca desesperadamente la verdad y la belleza.

¿Qué es la vejez?

No la conozco todavía y espero no conocerla, sino más tarde.

¿Cuál sería el mejor regalo para Julia?

¿No el pollito, verdad? (…) Sería un disco de Yordano.

¿Qué le queda por hacer o escribir?

Todavía me falta mucho por hacer, muchísimo.

¿El hombre es un animal político?

Aquí lo es, inevitablemente hablan de política en un cumpleaños. El venezolano es político por naturaleza. Uno se satura más que de la política de la politiquería.

***Imágenes usadas en esta entrevista: 1, 2. Detalle de fotografía tomada por Pablo Duarte: @pabludu 3. Ilustración creada por el mismo Francisco Massiani el día de la entrevista.


 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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