Actualizado: 16 de nov de 2020


Ilustración de Marion Fayolle para "La ternura de las piedras" (Nórdica)

Me gustaría empezar con una declaración de intenciones, a través de las palabras de la poeta Alejandra Pizarnak:


"Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En ese sentido, el quehacer poético implicaría exorcisar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos."

Pizarnik nos muestra un camino: el anudamiento posible y necesario entre el mundo de la salud mental y la literatura. Porque si algo tenemos las personas con problemas de salud mental son heridas y la literatura es esa gasa, como nos dice la poeta y mediadora Mar Benegas, que de alguna manera viene a mitigar el sufrimiento que nos procura la existencia.


Hace tres años que llevo a cabo en el Centro de salud mental de Hortaleza un proyecto de mediación lectora, en el que procuro acercar la literatura a los pacientes de la unidad de terapia ocupacional del Centro. Es una experiencia de mediación diferente y pensada para personas con problemas de salud mental, centrada en las necesidades de sus participantes.


Este proyecto surgió de un potente encuentro para mí, el de la experiencia de mi propio sufrimiento psíquico y de mi formación en el campo de la literatura infantil y juvenil. Sin embargo, el detonante fueron unas palabras que me dijo Mar Benegas. Más que unas palabras, fue un mensaje subversivo: "la literatura permite transformar la fealdad del mundo en belleza". Ese mensaje me transformó y me condujo a elaborar este proyecto. Y quizás sea evidente para muchos de los que trabajamos con la lectura, pero no lo es para aquellos que no están en diario contacto con el ejercicio de leer.

Ilustración de Guridi para "Abecedario del cuerpo imaginado", escrito por Mar Benegas (A buen paso)

Conté desde el principio con el apoyo de todo el equipo de Hortaleza, quienes se han convertido a lo largo de este proyecto en unos grandes compañeros de ruta. Les agradezco el constante apoyo, y el respeto al diálogo libre con los pacientes.

Creo que llevar la literatura a las personas que sufren problemas de salud mental, es un acto de justicia. La luz de las palabras debe prenderse donde más hace falta y el mundo de la mente a veces es oscuro. Los que padecemos de estos problemas, además, sumamos un profundo estigma social y la injusticia por parte del otro que nos señala, minimiza o etiqueta. Llevar la palabra y la experiencia de la belleza, en programas necesarios de humanización, es una manera de contrarrestar este desequilibrio. Es una forma de combatir esta profunda desigualdad.

El proyecto se inició con unos talleres de lectura. Se llevan a cabo semanalmente en la unidad de terapia ocupacional del centro. Durante una hora comparto con personas que la psiquiatría denomina pacientes con trastorno mental grave, todos ellos adultos y con edades comprendidas entre los 20 y los 70 años. Son varios los ingredientes fundamentales de nuestros talleres. Uno de ellos es el género que leemos. En mi caso y, desde el comienzo de esta propuesta, tuve en el horizonte que el formato adecuado para nuestra actividad era el libro álbum.


Elegí este formato por ciertas dificultades que pude apreciar en el grupo. No implícitas a sus condición, sino a causa de las medicaciones psiquiátricas que toman. Los efectos secundarios afectan de manera importante a la capacidad de concentración y a la memoria. Por lo tanto, el álbum nos permite salvar estas dificultades. El uso de la narración visual en apoyo al texto, que muchas veces también es breve, permite que nadie se quede atrás en la lectura colectiva. Pues, otro de los aspectos importantes para el proyecto, es la inclusión de todos los participantes en la lectura compartida.


Otra de las razones por las que el libro álbum es efectivo, está relacionado a las diversas propuestas estéticas que nos ofrece este formato. Tras una selección previa, suelo agitar los encuentros mostrando distintos ejercicios de los profesionales de la ilustración. Es la forma más inmediata de trasladar una experiencia ligada a la contemplación y la belleza en distintas dimensiones. Luego está la palabra, el texto escrito, potente motor para la conversación.


Selección de libros utilizados durante las sesiones

NUESTRAS SESIONES


Los encuentros giran en torno a la lectura de un libro. Ellos escogen un libro para leer a partir de esa selección previa que hago, donde procuro elegir distintas propuestas estéticas. Es muy importante contar con su opinión, que ellos sientan que su decisión es importante para el desarrollo del encuentro. Que desliguen nuestras reuniones a las actividades impuestas a realizar durante el día. Mi intención es que nuestros encuentros se relacionen desde el deseo. Ellos son libres para participar o no. El enfoque es relacionar ese espacio con una experiencia placentera con los libros, sin que eso implique o requiera ninguna exigencia externa de su parte. Son ellos y la lectura, que no es poco.


Tras la elección colectiva, les hago una pequeña presentación del libro. Hablamos del autor, el ilustrador, el contexto en que se ha escrito. Posteriormente les leo. Los participantes le dan mucho valor a este acto placentero de que alguien les lea. Mis compañeros me han enseñado que precisamente la lectura en voz alta es una parte imprescindible de nuestro encuentro, hablan de mi voz como un regalo. Destacan que les tranquiliza, que escucharme les relaja y que cuando comienza la lectura entran en un estado placentero y de calma.


Leo dándole mucha presencia a la imagen. Me detengo lentamente en cada una de ellas, me acerco a los participantes, trato de hacer accesible las ilustraciones. De este modo, mientras la narración oral sigue su curso, ellos se van guiando con las imágenes presentes.


Una vez que termina la lectura, pasamos a la parte más importante de la sesión que es la conversación. Me ha tomado mucho tiempo despojarme del lugar del saber, en insistirles que lo importante es la opinión de cada uno de ellos, de lo que piensan y sienten respecto a la lectura. Poco a poco lo han ido incorporando con normalidad


Durante el confinamiento mantuvimos la conversación a través de WhatsApp, pues no todos tienen acceso a otros medios tecnológicos. Tras las nuevas medidas de seguridad nacional debido a la pandemia, estamos organizando encuentros a través de zoom. Durante el confinamiento, uno de los participantes manifestó que la actividad le permitía salir del aislamiento, lo que le daba cordura para resistir. Otra chica, declaró que el álbum había sido su salvación, pues le daba palabras al silencio del que necesitaba salir en esos días de encierro.

Selección de libros utilizados durante las sesiones

LA CONVERSACIÓN


La conversación es el núcleo central de nuestra actividad. La lectura compartida de los álbumes no solo son un ejercicio estético, sino que permite compartir los diferentes puntos de vista que tenemos sobre la vida. Los buenos libros nos abren ventanas enormes por las que asomarnos al mundo. Hacen que nos interroguemos, cuestionemos y emocionemos. Y todas esas posibilidades permiten que el lector conecte con sus experiencias vitales.


La riqueza y profundidad de nuestras conversaciones dejan en evidencia el prejuicio que se tiene sobre las personas con problemas de salud mental. Ese supuesto “déficit cognitivo” que padecen, ponen en cuestión esa infantilización de su pensamiento o esa incapacidad para llegar a cierta abstracción del mismo.

Basta con registrar algunas de las sesiones para entender su necesidad de conversar acerca de la enfermedad y el estigma que sufren por parte de la sociedad. Buscan desahogar y enfrentar esa mirada hostil que sienten hacia ellos. Suelen ser varios temas de los que hablamos, entre los que resalta la incomprensión y la soledad que sufren, el sentido de la vida, las diferentes formas y creencias con respecto a la muerte, la decadencia de los valores y la deshumanización de la sociedad, la justicia, la violencia de género, el acoso escolar y otras formas de maltrato. Incluso, nos ha conducido a temas más complejos como nuestra propia dureza personal y el suicidio como forma máxima de crueldad.


A veces las experiencias que surgen son duras, pero nos sentimos resguardados en esa función tan importante que tiene la literatura de nombrar y nombrarnos. Cuando lo hacemos, hay un efecto catártico en el grupo. Al contrario de lo que parece, nadie ha salido lastimado de ninguna conversación. Nos sentimos reconfortados. Aprenden juntos a escucharse, a respetarse unos a otros, pero también a escucharse a sí mismos. Comprenden que ellos tienen algo que decir. Una de las terapeutas del centro, afirma que tras estas sesiones, algunos de ellos volvían a encontrarse con personas que se habían olvidado que eran, seres humanos con una identidad, con algo que decir. Sujetos en pleno derecho.

Si hago un recuento de conclusiones, puedo enumerar diez aspectos relevantes que hemos evidenciado en los participantes después de las reuniones:


1. Son capaces de entender la lectura como un espacio del placer.


2. Usan componentes de su imaginación para el posterior ejercicio reflexivo.


3. Juegan y teorizan sobre las diferentes narrativas que descubren.


4. Aprenden a no tener miedo de trazar sus propias interpretaciones de una historia.


5. Disfrutan con los diferentes senderos por los que nos llevan las historia.


6. Asumen que no hay una única forma de ver el mundo.


7. No juzgan su forma de pensamiento, más bien le dan alas.


8 Dejan de tener miedo a dar su opinión.


9. Dejan atrás prejuicios y miedo a equivocarse. A partir del acercamiento al álbum, entienden que su forma de ver e interpretar esa lectura no es un error, que responde a las experiencias vitales de cada uno. Eso les da seguridad a la hora de opinar en una conversación.


10. Aprenden a valorarse y valorar a sus compañeros.


Con este proyecto no sólo nos relacionamos con el libro como entidad única sino que sirven de puente para un mundo interior más complejo. Ese donde habitan las palabras que nos nombran a cada uno de nosotros. Por eso el debate posterior a la lectura es el momento más esperado por todos ellos. Es el momento mágico en el que toman la voz. Personas que siempre están en silencio, nos ofrecen una pequeña perla y nos dejan sin palabras. Incluso otras que habitaban en el silencio y ahora alzan su voz para que se las escuche.


La experiencia definitivamente es significativa para las personas que participan en estos encuentros. Es una actividad terapéutica que no pretende serla. La experiencia de la palabra siempre es transformadora. Dar la voz a las personas que sufren problemas de salud mental no es más que un acto muy necesario de justicia poética.





“Entender cómo está cambiando el mundo es cambiar al mundo”

Robert Pepperell [1]



Aproximarse al fenómeno del fanzine pasa, inevitablemente, por la pregunta básica sobre qué son. Si pensamos la cultura de masas en el siglo XX y XXI, nos enfrentamos con una industria editorial que crecía de manera desbordada: reimpresiones de clásicos, poetas con hordas de fanáticos, best-sellers controversiales e, incluso, enormes tirajes de revistas especializadas. Viendo de cerca estas últimas, encontramos con un mercado saturado de todo tema cuanto pueda desear un consumidor, todo pareciera estar cubierto y procesado, listo para llegar a las manos indicadas que devorarán sus páginas con interés. Sin embargo, es justo en medio de esa saturación donde nace el fanzine: surge desde un espíritu profundamente contracultural. Esto los pone en una relación complicada con el Libro, con la industria masiva que controla la palabra impresa y desde donde tendemos a analizar las producciones literarias del siglo pasado. Stephen Ducombe, en su libro Notes From Underground: Zines and the Politics of Alternative Culture, afirma:

“En una era marcada por la rápida centralización de los medios corporativos, los zines son independientes y localizados, salen de ciudades, suburbios y pequeños pueblos al rededor de los Estados Unidos, son armados en mesas de cocina. Celebran a la gente común en un mundo de celebridades. Los perdedores en una sociedad que premia a los mejores y más brillantes. Rechazar el sueño corporativo de una población atomizada, separada en discretos mercados instrumentales, los creadores de zines forman redes y forjan comunidades en torno a diversas identidades e intereses” [2]

Hay, entonces, un ejercicio de conciencia social en el proceso de hacer un fanzine. La decisión de hacerlo-tú-mismo (Do it yourself) está atravesada por una reflexión sobre las carencias, los vacíos, de la cultura masiva. Más que una necesidad, o de la mano con ella, el hazlo-tú-mismo es un compromiso. Es una exploración individual (que da paso a colectividades) de las sensibilidades que afectan la identidad de las personas. Estas publicaciones se convierten en un soporte donde los afectos obligados a permanecer al margen en lo masivo tienen cabida, donde pueden ser discutidos. Respecto a este uso del fanzine como herramienta anti-hegemónica, Rafael Uzcátegui (uno de los precursores del movimiento fanzinero en Venezuela, defensor de los derechos humanos, @fanzinero en sus redes sociales) plantea en su libro Corazón de tinta que este permite que: “Los jóvenes soñadores subviertan las expresiones culturales con usanzas y costumbres diferentes a las oficiales”[3]. Se construyen redes en torno a un código casi secreto, en tanto discurso emergente, en diferentes niveles.


Pensemos, por ejemplo, en el origen del fanzine: una compilación de cartas donde diversos fanáticos de la Ciencia Ficción discutían sobre un género evidentemente menor para el momento:

Cartas de fanáticos. The Leaflet, 1937.


O, más tarde, la importancia que cobró para los movimientos políticos que tomaban cada vez más fuerza: los anarquistas, sobre todo los punks, volvieron el zine una parte esencial de su (contra)cultura, donde asentaban y jugaban con los postulados estéticos del movimiento, al mismo tiempo que reafirmaban lo amateur, la producción independiente, como ejercicio anarquista:

Fragmentos. Sniffin’ Glue, 1976


O el movimiento feminista, con el cual el fanzine se acercó más a su raíz de panfleto y funcionó como espacio de rebeldía y unión (pienso en los manifiestos que abundaron en los años ‘90):


Riot Grrrl! Manifiesto. Bikini Kill Zine 2, 1991.


Es un territorio donde el lenguaje puede ser transformado con el fin de hacer visible un espacio del margen.


Estas publicaciones son, entonces, un espacio de agenciamiento político donde se encuentran aquellos que la producen y quienes la leen, trazando los vínculos que los unen como sujetos atravesados por el vivir bajo un conjunto específico de símbolos, sucesos y costumbres. Los fanzines se vuelven un espacio donde re-construir. Es decir, un espacio de comunicación entre individuos que, desde sus respectivas subjetividades, buscan ejercer un pensamiento crítico respecto a su entorno, dar y quitar sentido a los discursos que nos rodean. De allí que el zine mantenga una relación distinta que el libro (y la revista) con la figura del autor: el formato exige una independencia de las estructuras bajo las cuales se piensa una publicación. Donde el libro tradicional se propone a sí mismo como el paradigma de una razón lineal, el centro de una cultura, el zine se siente cómodo estando al margen, agujereando discursos, siendo la nota al pie de un proceso demasiado pulcro, demasiado cerrado. Es un movimiento, en tanto práctica que construye identidad a partir de cartografiar elementos de la cotidianidad.


Este espacio de expresión y divulgación en pequeña escala se ve transformado, como todo, por el desarrollo y crecimiento del internet y los medios digitales. Si bien el fanzine no se vuelve un medio masivo, sí es interpelado por la globalización. La experiencia sensible desde la que parte no es la misma: cualquier tipo de expresión pasa por cómo nos afectan ciertos estímulos, cualquier extensión o tecnología nueva tiene consecuencias individuales y sociales. Algunas características de este soporte se traducen con gran facilidad a la aparición de la web: la primacía de lo amateur, la democratización de las herramientas de publicación, el pensamiento en red que da paso a la formación de tribus. Si decíamos que el fanzine es un ejercicio de conciencia, en la actualidad podemos afirmar lo mismo. Este formato se presta para reflexionar en torno a cómo la cultura nos afecta y, por tanto, también se ha convertido en un lugar de aproximación a los medios digitales y nuestra relación con ellos. Bajo la proliferación de las redes sociales la pregunta no se torna “¿qué es un fanzine?”, sino “¿para qué un fanzine?”. Nos preguntamos qué sucede con ellos en un mundo donde en todo momento estamos expuestos, somos exterioridad, donde podemos escoger qué mostrar de nosotros y los movimientos más mínimos son maxificados; donde las personas, su subjetividad, tienen el centro de atención. ¿Qué sucede con los zines en una modernidad donde la tecnología cambió la manera en que nos expresamos?


Esta transformación radical en la manera en que nos comunicamos, en que (nos) entendemos (en) el mundo, parece evidenciar que la subjetividad dio una vuelta hacia afuera. Esto quiere decir que donde el discurso dominante antes rodeaba ciertas interioridades y las condenaba al silencio, ahora parece haberlas obligado a volcarse hacia afuera para vaciarlas de contenido, perdiéndose en la inmensidad. Si antes la existencia, la creación, de un fanzine era en sí un acto de disidencia, en la era digital no podríamos afirmarlo con tanta firmeza. Cuando antes los fanzineros no se sentían representados, no encontraban nada con qué identificarse, en las revistas de los quioscos, ahora existe un quiosco digital aparentemente ilimitado. El discurso dominante encontró formas de acallar y expulsar ciertas voces sin tener que apresarlas y borrarlas: las vacía para luego exponerlas bajo sus propias estructuras.


¿Puede el fanzine, en esta dinámica, aún conservar algo de su disidencia? Si es así, este debe encontrar una nueva manera de agujerear el discurso más allá de su mera existencia.

Quizás, una de las cosas que justifican la existencia del fanzine en un mundo hipermediático sea precisamente la potencialidad que surge de ese vacío: despojado de contenido, queda el gesto. Volvemos al momento en que la decisión de hacer un fanzine era de por sí un acto rebelde, pero esta vez va más allá: nombrar algo un fanzine es un gesto disidente. Tomar una serie de fotografías, poemas, videos e, incluso, objetos y agruparlos bajo la figura de “fanzine” es un performance que busca enrarecer un discurso ya latente e incorporado en nuestras vidas. Cuando todo está expuesto, la re-exposición es una pequeña burla, un espacio cómplice que nos da la posibilidad de explorar las fronteras para conseguir ese elemento “extraño”. El signo vacío del fanzine no tiene sobre sí el peso de representar, de dar la cara por una causa, sino que está repitiendo su historia, está jugando con sus referentes para (des)decir su propia realidad. Se vuelve un performance en tanto que cada pequeño gesto está vinculado a la sospecha de un diálogo con la inmensidad de referentes que coexisten en todo momento en la era digital.


Notas de las experiencias de Perro Amorfo y el Diari del resguard


En el año 2017 Venezuela se encontraba en período de duras protestas y gran tensión política, lo cual interrumpió severamente las actividades de instituciones educativas y trastocó los espacios culturales y las posibilidades de ocio y recreación. Es medio de este caos surgieron propuestas para acompañamiento enfocadas en niños, pero existían pocas iniciativas enfocadas en los adolescentes. En conversaciones del equipo de La Rana Encantada salió a flote la necesidad de abrir un espacio donde los jóvenes pudieran explorar sus propios procesos internos (sus frustraciones e impotencias respecto al entorno, por ejemplo) a través de la expresión artística. El fanzine se asomaba, entonces, como un vehículo ideal para plantear diálogos entre un contexto tan convulso y las inquietudes identitarias propias del autodescubrimiento adolescente. El proyecto Perro Amorfo (bautizado así por los participantes primer taller) buscaba incentivar una mirada crítica a la relación de los participantes con la cultura, indagar en sus vínculos con la literatura, artes plásticas y audiovisuales en medio de un consumo globalizado atravesado por una cotidianidad inestable. La intención de este recorrido era que los jóvenes tomaran consciencia de su capacidad de crear lugares de encuentro e intercambio que pudieran llamar y sentir suyos.

La estructura de este taller planteaba una tensión que se convertía en reto: por un lado, debía responder a un espacio intinerante, distintos ciclos de encuentros en espacios diferentes; por el otro, debía funcionar como un taller abierto, un lugar en que el trabajo constante y diálogo se mantuviera más allá de su duración inicial. Es decir, que a pesar de no tener un espacio físico fijo al que pudieran regresar sus integrantes cada vez que quisieran, había que buscar la forma de que pudieran seguir publicando y compartiendo sus fanzines. Las redes sociales se convirtieron en un aliado esencial para lograr este diálogo prolongado, ya que además de publicar los fanzines realizados en persona durante el taller, las cuentas de Perro Amorfo estaban a la disposición de los participantes a futuro para que compartieran otros trabajos, incluso no necesariamente fanzines. Esta dinámica solventaba también la irregularidad con la que podíamos acceder a fotocopiar y repartir los fanzines, permitiendo una democratización total de los faccímiles. En estos espacios la incertidumbre que rodeaba la rutina de todos se convertía en potencia y conversación, la cual además podía plasmarse con libertad a través de la estética e intención del fanzine, donde lo inacabado, la transparencia de los procesos (el rayón, la pega, las grapas, los errores), facilitaba más aún una apertura emocional y el flujo creativo. Perro Amorfo se transformó para algunos en un sitio de juego y exploración, en un refugio desde el cual encontrar una voz para hacerla escuchar.


Tres años después, cruzando el mar, las integrantes del club de jóvenes lectoras en la Biblioteca de Montornès del Vallès, las "traficantes de libros”, se enfrentaron a una interrupción radical de sus formas: la cuarentena a raíz de la pandemia del COVID-19. Para este grupo de jóvenes el diálogo necesariamente virtual llevó a una reflexión sobre el encierro, la teconología y cómo atraviesan la experiencia vital. Entre canciones, stickers y mensajes que iban y venían para contar y testimoniar todo aquello que parecía relevante, o no, de su adaptación a la “nueva normalidad” nació un diario, que poco a poco cobraría la forma de un fanzine: el Diari del resguard. En este se plasma el discurso trastocado por lo digital de la vida cotidiana, una necesidad de explicarse a través del medio digital porque a través de él nos entendemos a nosotros mismos. Es, también, una exposición de lo íntimo, de una conversación entre amigas, vuelta pública; y, por tanto, un poner en evidencia la facilidad con que puede hacerse este movimiento al ser mediado por lo digital. La libertad del formato fanzine permitió a este grupo de adolescentes hablar de sus contingencias íntimas a partir de los símbolos, íconos y guiños que guiaban la labor de mantenerse a flote en una circunstancia, sin volverla el centro de sus reflexiones. Las inquietudes que dialogan en el Diari del resguard, más que orbitar las consecuencias y catástrofes de una pandemia, están vinculadas a los ejercicios de instrospección que se dieron en el confinamiento, tanto individuales como colectivos, y a la riqueza que se encuentra en ellos. Actualmente ese mismo ejercicio se lleva a cabo con otros grupos, en otras ciudades.



El fanzine hoy en día es una puerta abierta a la rebeldía para encarar el sistema, una búsqueda muy propia de la adolescencia. Dar paso a la reflexión crítica de un adolescente sobre sí mismo y sus relaciones con el mundo es propiciar la movilización de un individuo a actuar en función de, y teniendo siempre presente, estos entrecruzamientos y construcciones. El fanzine no sólo posee la potencial agencia de construir (y reconstruir) comunidades como en el siglo pasado, sino que puede hacer visible ese proceso de construcción; y no hay mayor disidencia que la conciencia.


Fanzine "Plantitas en tus manos" de Valerie Weilheim


Figura A:

Copia e imprime el siguiente fanzine en una hoja tamaño carta. Cuando tengas la hoja impresa, dóblala por la mitad, de manera que en ambas caras se vean los dibujos. Luego irás doblando en forma de zig zag, usando la forma de acordeón de la figura A. Esto hace que cada planta esté creciendo dentro de su página. Verás que hay dos espacios en blanco, pues en ellos puedes dibujar las plantas que te gusten o que te acompañen en tu vida diaria.





[1] Pepperell, Robert. The Posthuman Condition, Consciousness beyond the brain. Intellect Books, 2003.

[2] Pág. 7. Duncombe, Stephen. Notes From Underground: Zines and the Politics of Alternative Culture. Microcosm Publishing, 2008.

[3] Pág. 27. Uzcátegui, Rafael. Corazón de tinta. Naufrago de Ítaca Ediciones, 2001.




Cuando se decretó el estado de alarma hace algunos meses, la incertidumbre pasó a ser un derecho y la intimidad, un privilegio. Iniciamos un viaje de exploración confuso, sin mapas ni rutas, pero con muchas bitácoras recogiendo la información diaria. Las personas, aquellas que disponían de las herramientas para hacerlo, comenzaron a ampliar su mundo en las redes sociales con encuentros virtuales e interacciones del apego. Eso, cuando no estaban absorbidos por el teletrabajo o las clases en línea. Nos contábamos, mostrábamos, inventábamos, "reinventábamos". El espacio personal e íntimo se transformó en una reflexión compartida en tiempo presente. Nuestras voces eran alianzas pero también escándalo, ruido. En mi caso personal, no lograba concentrarme a menos que fuera una tarea mecánica. Pensaba, evidentemente, en varias de las dinámicas que estaba realizando con los jóvenes y que se truncaban. Antes de ceder a la frustración, cambiamos el rumbo de algunas ideas


Una de las propuestas nació específicamente durante los días de cuarentena. Se llama Diari del resguard y lo construimos las "traficantes de libros". Así nos hacemos llamar las integrantes del club de jóvenes lectoras en la Biblioteca de Montornès del Vallès. Para llegar a esto, necesité del apoyo incondicional y siempre dispuesto del grupo de bibliotecarios, con los que pude construir un espacio de comunicación virtual que no teníamos antes.


En este nuevo grupo de Whatsapp no hicimos las sesiones de clubes de lectura. Confieso que no quería ceder esta dinámica al espacio virtual y ellas tenían bastante trabajo con sus clases. Así que nos fuimos poniendo al día con nuestra situación real. Decidimos aparcar nuestras opiniones sobre Persépolis o Eleonor & Park (nuestras próximas lecturas), para hablar de los espacios que nos daban sosiego en medio de la incertidumbre. Absoluta libertad en contarnos, con mensajes escritos y diálogos con stickers. Fue así como iniciamos este peculiar diario del resguardo. A ratos fanzine, a ratos librillo de álbum musical. Es un diario en el que decidimos recoger aquellos contenidos que nos ayudaron a sobrellevar -o disfrutar- de la cuarentena y, a su vez, un recorrido íntimo y personal.


Trabajamos en equipo. Creamos, recomendamos, diseñamos, planeamos y, al final, decidimos que lo llamaríamos Diari del resguard. En catalán, pues ellas son mayoría. Quisimos usar la palabra resguardo porque, aún y cuando la sensación exploratoria era la de vivir en una distopía, nosotros queríamos estar del lado de la resistencia. Queríamos cuidarnos los unos a los otros. Este es un diario al que acudir en caso de emergencias. Quizás, estas voces que nos dieron cordura o distracción, puedan serles útiles también a ustedes en algún momento de caos. El diario no habla del COVID. Este es nuestro propio relato de la duda.


ESTRUCTURA


Dos poemas abren y cierran este diario. Ambos, descubiertos durante los días de resguardo, hablan de dos formas de iniciar o de observar al mundo: antes de la incertidumbre y después. El primero está escrito en catalán y pertenece a Maria Antònia-Salvà. El último está en castellano y es del venezolano Eugenio Montejo. Esto también corresponde a nuestra identidad como grupo, es nuestro idioma secreto, pues en cada sesión nos compartimos palabras en catalán a cambio de palabras o expresiones venezolanas (o en portugués).


Luego, el esqueleto del diario está compuesto por cinco microrrelatos escritos por Abir, Amal, Ari, Nour y Omaya. Pueden leerse de manera individual, como si fueran reflexiones sencillas del encierro; o entenderlas como parte de una historia personal que evoluciona y crece. Esa historia arbitraria habita en las páginas. Cuenta las emociones personales de dos personajes o circunstancias enfrentadas, pero que se van adaptando de forma coherente durante cinco fases: la duda, el caos, el miedo, la esperanza, la liberación. Este inquieto recorrido también se percibe en la forma en que decidimos organizarlo. Es decir, descubrirán que el título del diario, las señalizaciones, un poema y una canción están escritas originalmente en catalán. Pero las indicaciones y los microrrelatos están escritos en castellano. Las canciones, casi al cien por ciento, están en inglés y francés. Fuimos anexando las páginas, pensando en la coherencia discursiva más que en el idioma. Quisimos ser honestos con la forma en que nos contábamos, en la manera que iban fluyendo las ideas.

En el medio de cada relato, también se albergan fotos o ilustraciones compartidas por todo el grupo, en el que nos incluimos Leire, Verónica y yo. Las imágenes pintadas son, en la mayoría de los casos, bocetos del ocio, dibujos improvisados para pasar el tiempo. En cuanto a las fotografías, son más bien un registro de lo que era nuestros días durante el resguardo.


A medida que transcurre el diario, se percibe el uso de una iconografía propia de lo digital: conectar wifi, cargar batería, encender, reiniciar. Esos símbolos son también una voz que cuenta. La evolución de estos iconos en sus páginas propone una reflexión sobre el actual impacto de lo digital en nuestras vidas.


PUNTS DE TROBADA · PUNTOS DE ENCUENTRO


Decidimos hacer una señalización para algunas de las páginas. La idea era ubicarnos en medio del caos. En este caso, los punts de trobada (puntos de encuentro) son ese espacio en el que los sobrevivientes de una catástrofe se reencuentran y protegen. Para estos espacios, reunimos nueve recomendaciones de libros, series, películas, videojuegos, obras de arte. En algunos casos con una breve explicación, en otros solo con una imagen y su referencia. Son los espacios que nos dieron cobijo y que ofrecemos en caso de emergencia para el que lo necesite.



DUBTES EXISTENCIALS · DUDAS EXISTENCIALES


Otra forma de señalizar las páginas es con las dubtes existencials (dudas existenciales). Son diez fragmentos de canciones que nos acompañaron durante el resguardo. Estas canciones corresponden al momento emocional que señala el recorrido. Es decir, podemos tener la sensación de caer, de sentir que somos monstruos, de esperar, de querer huir, de viajar, de ser libres. En esta página no solo encontrarán trozos de las letras en su idioma original, sino imágenes de sus vídeos musicales como apoyo y referencia. Les dejamos también la lista de Spotify donde podrán encontrar la mayoría de las canciones recomendadas por el club de lectura.



CITES D'ALTRES DIARIS · CITAS DE OTROS DIARIOS


Esto es más que todo un gesto de coquetería pop. Reunimos cuatro citas de otros diarios de ficción en series o libros que nos fueron reveladores en momentos de angustia. Son las voces que forman parte de las recomendaciones y nos identificamos con sus ideas.



POR ÚLTIMO


Al final encontrarán recogidos todos los fragmentos de las canciones que hemos usado para este diario. Están traducidas al castellano y al catalán. La intención es ofrecer una guía, en caso de necesitarla, para poder entender la evolución de esta bitácora.


Hemos construido solo un diario en físico que estará en la Biblioteca de Montornès del Vallès en Barcelona. Para este libro de arte y cultura mainstream usamos papel reciclado. La única diferencia que no encontrarán en el formato digital, es que jugamos artesanalmente con el papel cebolla en medio de algunas páginas como si fuera bruma o ventanas que se abren.



DIARI DEL RESGUARD · DIARIO DEL RESGUARDO


Esta crónica no tiene respuestas a nada. Mucho menos el diario. Pero nos hace ilusión poder compartir con ustedes este trabajo de exploración íntima, personal, transferible. Un trabajo colectivo que buscaba contar de manera diferente el tiempo presente. Aún quedan otras dos propuestas distintas por mostrarles, pero esta era importante contarla ahora pues queríamos que simbólicamente se quedara dentro del estado de alarma de España, habitando el límite.


A continuación les dejamos explorar el diario de manera íntegra en issuu:







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Diario del resguardo: Diari del resguard

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Crónica de unas entrevistas inéditas

Mvseum y los universos paralelos

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Mediación lectora con personas que tienen problemas de salud mental

Podcast Cuentos del escarabajo: narración oral y canciones.

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El fanzine: gesto y comunidad

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